Articoli di Amedeo Lomonaco per la Radio Vaticana >>

 
 
Web www.ratzingerbenedettoxvi.com PageRankTop.com


AL NUOVO AMBASCIAOTRE ARGENTINO PRESSO LA SANTA SEDE (5 DICEMBRE 2008)

Ascolta il servizio trasmesso da Radio Vaticana

Radio Vaticana 5 dicembre 2008

Benedetto XVI al nuovo ambasciatore argentino: la Chiesa promuove la dignità della persona senza pretendere di convertirsi in soggetto politico

I valori irrinunciabili per la persona e la società ed il 30.mo anniversario della mediazione della Santa Sede per la soluzione della controversia tra Argentina e Cile nella zona Australe sono stati al centro del discorso che Benedetto XVI ha rivolto stamani a Juan Pablo Cafiero, nuovo ambasciatore di Argentina presso la Santa Sede, che ha presentato al Papa le proprie Lettere credenziali. Il servizio di Amedeo Lomonaco:

La Chiesa – ha detto il Santo Padre – “cerca in ogni momento di promuovere la dignità della persona ed elevarla in un modo integrale per il beneficio di tutti”. La fede in Cristo ha dato impulso in Argentina a numerose iniziative benefiche ed assistenziali. La sollecitudine e le attività ecclesiali – ha affermato il Papa - “si sono irradiate, anche con una specifica intensità, negli ambiti sanitari, culturali, educativi, lavorativi e di assistenza verso i più poveri”.
 
La comunità cattolica – ha aggiunto – persegue unicamente l’obiettivo di dare una testimonianza di carità e di proiettare sulle coscienze la luce del Vangelo: “La Chiesa, senza pretendere di convertirsi in soggetto politico, aspira con l’indipendenza propria della sua autorità morale, a cooperare lealmente e apertamente con tutti i responsabili dell’ordine temporale nel nobile progetto di ottenere una civilizzazione della giustizia, della pace, della riconciliazione, della solidarietà e di tutti quegli altri valori che mai si potranno derogare né abbandonare alla mercede dei consensi di partito, poiché sono incisi nel cuore umano e rispondono alla verità”.
 
Il sentiero verso la verità è illuminato dalla presenza di Dio sia nella coscienza di ogni uomo sia nell’ambito pubblico. Tale presenza – ha osservato il Papa - è “un saldo sostegno per il rispetto dei diritti fondamentali della persona” e l’edificazione di una società fondata su tali valori. Tra i “valori irrinunciabili che esaltano la persona e l’intera comunità” ci sono “il sostegno alla famiglia basata sul matrimonio”, l’orientamento in favore di una morale “le cui note principali sono scritte nell’intimo dell’anima umana”, lo spirito di sacrificio e di solidarietà, “la difesa della vita umana dal concepimento fino al suo termine naturale”, “lo sradicamento della povertà”, “la lotta contro la corruzione”. Il Papa ha anche ricordato l’urgenza di misure per i genitori, a sostegno del loro diritto inalienabile di educare i loro figli nelle convinzioni etiche e religiose, e la promozione dei giovani perché diventino uomini e donne di pace e riconciliazione.
 
Il Santo Padre ha chiesto di trasmettere al presidente argentino, la signora Cristina Fernández de Kirchner, i propri saluti accompagnati dalla preghiera per tutte le iniziative che incoraggiano “la concordia, la giustizia, il conseguimento del bene comune” in Argentina, Paese con “profonde tradizioni cristiane”.
 
Benedetto XVI ha ricordato, infine che oggi, alla presenza di una delegazione della Santa Sede, i presidenti di Argentina e Cile presenzieranno a Monte Aymond alla cerimonia di commemorazione del 30.mo anniversario della mediazione realizzata da Giovanni Paolo II per la soluzione della controversia tra queste due nazioni nella definizione dei confini nella zona australe del Continente. Il monumento commemorativo che sarà innalzato a Monte Aymond - ha spiegato - sarà una “testimonianza eloquente e servirà per stringere ancora di più i legami di fratellanza e la volontà di intesa tra i due Paesi”.
 
Grazie agli sforzi dei loro governanti e istituzioni, nonché ai loro comuni ideali culturali, sociali e religiosi, Argentina e Cile – ha concluso Benedetto XVI - hanno saputo “abbandonare le vie dello scontro per dimostrare che con il dialogo e la nobiltà di cuore si può raggiungere una pace dignitosa, stabile e solida”.


DISCORSO DEL SANTO PADRE BENEDETTO XVI

Señor Embajador:

1. Esta ceremonia de inicio de su alta responsabilidad, en la que Vuestra Excelencia presenta las Cartas que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Argentina ante la Santa Sede, representa un momento de particular importancia en el camino de las relaciones bilaterales entre la Sede Apostólica y su noble País, que confiamos sean cada vez más fluidas y fructíferas.

Deseo corresponder con vivo agradecimiento a sus atentas palabras y a los deferentes saludos que me ha transmitido en nombre de la Doctora Cristina Fernández de Kirchner, Presidenta de la Nación argentina, al mismo tiempo que acompaño con mi oración toda iniciativa que aliente la concordia, la justicia y la consecución del bien común en esa amada tierra. Los argentinos saben bien que ocupan un puesto de singular relieve en el corazón del Papa. Pienso en ellos y presento a Dios sus proyectos, sus gozos y también sus preocupaciones, de modo que se abran para todos horizontes de prosperidad, de un presente rico en fecundas realizaciones, y de un futuro luminoso y sereno.

2. Me complace de modo particular recibir a Vuestra Excelencia como Embajador de un País de hondas tradiciones cristianas que han sembrado y cultivado significativas costumbres, conformando de este modo la idiosincrasia y religiosidad de unas gentes que ansían superarse cada día y aportar a la comunidad internacional lo mejor de sí mismas, como ya lo han demostrado en variadas ocasiones, haciendo gala de su generosidad y altura de miras. Este valioso patrimonio espiritual ilumina y potencia las aspiraciones fundamentales del hombre. Por eso es importante considerarlo, además de como una herencia que hay que conservar, como un tesoro del que continuamente puede extraerse fortaleza para afrontar el presente, ofreciéndolo también como don precioso a las nuevas generaciones.

3. El mensaje evangélico ha arraigado hondamente en esa Nación dando cuantiosos frutos, especialmente en preclaros modelos de conducta que han enriquecido a los demás con el testimonio ejemplar de sus virtudes humanas y cristianas. Entre ellos, evoco con gusto la insigne figura de Ceferino Numuncurà, cuya beatificación a finales del pasado año fue una alegría para todo el Pueblo de Dios. Este joven mapuche, hijo espiritual de San Juan Bosco, es un signo espléndido de cómo "Cristo, siendo realmente el Logos encarnado, ‘el amor hasta el extremo’, no es ajeno a cultura alguna ni a ninguna persona; por el contrario, la respuesta anhelada en el corazón de las culturas es lo que les da su identidad última, uniendo a la humanidad y respetando a la vez la riqueza de las diversidades, abriendo a todos al crecimiento en la verdadera humanización" (Discurso en la sesión inaugural de la V Conferencia General del Episcopado latinoamericano y del Caribe, Aparecida, 13 mayo 2007, n. 1).

4. La Iglesia, en el ejercicio de la misión que le es propia, busca en todo momento promover la dignidad de la persona y elevarla de modo integral para el beneficio de todos. En este contexto, la fe en Cristo ha impulsado en Argentina numerosas iniciativas benéficas y asistenciales tanto en las diócesis como a través de institutos religiosos y asociaciones laicales. La solicitud y actividad eclesial, centrándose particularmente en el campo espiritual y moral, se ha irradiado también, y con peculiar intensidad, en ámbitos sanitarios, culturales, educativos, laborales y de atención a los menesterosos.

Con sus obras, la comunidad católica persigue únicamente dar un testimonio de caridad y proyectar sobre las conciencias la luz del Evangelio, para que el hombre encuentre una plenitud de vida que se trasluzca en una digna conducta individual y en una convivencia responsable y armónica, de recíproca comprensión y perdón. Cabría señalar a este respecto la trascendencia que tiene evitar aquellas actitudes que deterioren la fraternidad y el mutuo entendimiento, dando vigor, en cambio, a lo que favorezca el sentido de responsabilidad cívica con vistas al bien de toda la sociedad.

Desde esa perspectiva, la Iglesia, sin pretender convertirse en un sujeto político, aspira, con la independencia de su autoridad moral, a cooperar leal y abiertamente con todos los responsables del orden temporal en el noble diseño de lograr una civilización de la justicia, la paz, la reconciliación, la solidaridad, y de aquellas otras pautas que nunca se podrán derogar ni dejar a merced de consensos partidistas, pues están grabadas en el corazón humano y responden a la verdad. En este sentido, la presencia de Dios tanto en la conciencia de cada hombre como en el ámbito público es un apoyo firme para el respeto de los derechos fundamentales de la persona y la edificación de una sociedad cimentada en ellos. Deseo por eso expresar los mejores deseos de que se robustezca el diálogo y la colaboración entre las Autoridades argentinas y el Episcopado de esa Nación en aras del bien común de toda la población.

5. El siglo XXI va mostrando cada vez con mayor nitidez la necesidad de forjar la vida personal, familiar y social de acuerdo a esos valores irrenunciables que enaltecen a la persona y a toda la comunidad. Entre ellos, hay que destacar el respaldo a la familia basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, la orientación por una moral cuyas notas principales están inscritas en lo más íntimo del alma humana, el espíritu de sacrificio y pródiga solidaridad, que se manifieste de modo especial cuando las circunstancias sean particularmente adversas, la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su término natural, la erradicación de la pobreza, el cultivo de la honradez, la lucha contra la corrupción, la adopción de medidas que asistan a los padres en su derecho inalienable de educar a sus hijos en sus propias convicciones éticas y religiosas, así como la promoción de los jóvenes, para que sean hombres y mujeres de paz y reconciliación.

6. En este sentido, precisamente hoy, con la presencia de una Delegación de esta Sede Apostólica, se encontrarán las Presidentas de Argentina y Chile para conmemorar el trigésimo aniversario de la mediación realizada por mi venerado Predecesor el Papa Juan Pablo II en la solución del diferendo que las dos Naciones mantuvieron sobre la determinación de sus límites en la zona austral del continente. El monumento que se va a construir en la localidad de Monte Aymond será un testigo elocuente, y servirá para estrechar aún más los lazos de hermandad y la voluntad de entendimiento entre ambos Países, los cuales, gracias a los esfuerzos de sus gobernantes e instituciones, así como a sus comunes ideales culturales, sociales y religiosos, supieron abandonar las vías del enfrentamiento para demostrar que, con el diálogo y la grandeza de corazón, se puede alcanzar una paz digna, estable y sólida, como es propio de pueblos civilizados y sabios.

7. Al finalizar este encuentro, formulo mis mejores votos a Vuestra Excelencia, a su familia y al personal de esa Misión Diplomática y les expreso la disponibilidad y el apoyo de mis colaboradores en todo lo que pueda redundar en el buen desempeño de vuestra labor como Embajador. Le ruego que se haga portador ante todos sus connacionales, y muy particularmente ante la Señora Presidenta de la República Argentina y su Gobierno, del saludo cordial del Papa, y suplico al Señor, por la maternal intercesión de Nuestra Señora de Luján, que colme de copiosos dones a todos los hijos e hijas de ese amado País, a los que imparto complacido la Bendición Apostólica.

 

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana

 


 

 

Webmaster: Amedeo Lomonaco  Sottofondo: Asperges me