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AL
NEO AMBASCIATORE SPAGNOLO |
Radio
Vaticana, 16 aprile 2011
Il
Papa all'ambasciatore di Spagna: la società non emargini
la religione, la fede migliora il mondo
◊
Rispetto per la libertà religiosa in generale e per la
Chiesa cattolica in particolare. Difesa della famiglia e
di una formazione per i giovani che non emargini i valori
della fede. Sono i contenuti principali del discorso
rivolto questa mattina da Benedetto XVI al nuovo
ambasciatore di Spagna presso la Santa Sede, la signora
María Jesús Figa López-Palop, ricevuta in udienza per
la presentazione delle Lettere credenziali. Il servizio di
Alessandro De Carolis:
Alla neo ambasciatrice, nativa di Barcellona, che
qualche minuto prima lo aveva salutato ribadendo i
secolari legami della Spagna con il Vaticano e
riconoscendo le radici cristiane che formano
“l’identità” della nazione, così come il valore
della “laicità positiva” con la quale il Paese
intende rispettare tutte le credenze religiose, Benedetto
XVI ha replicato con un discorso chiaro su come la Chiesa
sia sempre al servizio del bene comune e di come la Santa
Sede intenda i rapporti con le autorità istituzionali, in
particolare “sui grandi temi di interesse comune”. Lo
scopo delle relazioni diplomatiche, ha affermato, il
Papa…
“… que procuren fomentar siempre …
... è quello di progredire sempre nel rispetto
reciproco e nella cooperazione, all'interno della
legittima autonomia nei rispettivi campi, per tutto ciò
che riguarda il bene delle persone e l’autentico
sviluppo dei loro diritti e delle loro libertà, compresa
l'espressione della loro fede e della loro coscienza, sia
in pubblico che in privato”.
Tuttavia – e il Papa lo aveva ripetuto nell’ultimo
Messaggio per la Giornata Mondiale della Pace – oggi
esistono “forme, spesso sofisticate, ostili alla fede,
che si esprimono talvolta col rinnegamento della storia e
dei simboli religiosi nei quali si rispecchia l’identità
e la cultura della maggioranza dei cittadini”:
“El que in ciertos ambientes se tienda …
Che in certi ambienti si tenda a considerare la
religione come un fattore socialmente irrilevante, e
perfino fastidioso, non giustifica il fatto di volerla
emarginare, a volte attraverso la denigrazione, il
ridicolo, la discriminazione, compresa l'indifferenza
davanti a episodi di chiara dissacrazione, con i quali si
viola il diritto fondamentale alla libertà religiosa
inerente alla dignità della persona umana, che ‘è una
vera arma di pace, perché può cambiare e migliorare il
mondo’”.
La Spagna, come il resto del mondo, è coinvolta – ha
osservato Benedetto XVI – da una crisi economica dai
contorni “davvero preoccupanti”. La disoccupazione,
soprattutto, sta provocando “delusione e frustrazione
soprattutto nei giovani e nelle famiglie più
svantaggiate”. Il Papa ha detto di aver a cuore tutti
gli spagnoli, invitando gli amministratori della cosa
pubblica a praticare la giustizia e la solidarietà e
assicurando in ogni caso il sostegno della Chiesa, che
vede in ogni persona la presenza di Dio. In particolare,
parlando della difesa della vita e del sostegno offerto
alla famiglia dalla Chiesa, il Papa ha detto di
quest’ultima che essa…
“… aboga también por una educación …
... difende, inoltre, una educazione che integri i
valori morali e religiosi secondo le convinzioni dei
genitori, com’è loro diritto, e come conviene allo
sviluppo integrale dei giovani. E, per la stessa ragione,
chiede che essa includa anche l'insegnamento della
religione cattolica in tutte le scuole che la scelgono”.
Dopo aver aperto il suo discorso con un pensiero alla
recente visita fatta lo scorso novembre al Santuario di
Santiago de Compostela e a Barcellona, Benedetto XVI ha
concluso accennando al prossimo ritorno in Spagna per la
Gmg di Madrid, il prossimo agosto. Mi unisco con gioia –
sono state le sue parole – alle preghiere agli sforzi
dei suoi organizzatori, che stanno preparando con
attenzione questo importante evento, con la speranza che
porti abbondanti frutti spirituali per i giovani e per la
Spagna. So anche – ha aggiunto – della cooperazione,
della disponibilità e della generosa assistenza che sia
il governo nazionale sia le autorità regionali e locali
stanno dispensando per la migliore riuscita di una
iniziativa che attirerà l’attenzione di tutto il mondo
e mostrerà ancora una volta la grandezza di cuore e di
spirito degli spagnoli”.
DISCORSO DEL PAPA
Señora
Embajadora:
Al
recibir las cartas credenciales que acreditan a Vuestra
Excelencia como Embajadora Extraordinaria y
Plenipotenciaria de España ante la Santa Sede, le
agradezco cordialmente las palabras que ha tenido a bien
dirigirme, así como el deferente saludo que me trasmite
de Sus Majestades los Reyes, del Gobierno y el pueblo español.
Correspondo gustosamente expresando mis mejores deseos de
paz, prosperidad y bien espiritual para todos ellos, a
quienes tengo muy presentes en el recuerdo y en la oración.
Reciba la más cordial bienvenida al iniciar su importante
quehacer en esta Misión diplomática, que cuenta con
siglos de brillante historia y tantos ilustres
predecesores suyos.
He
visitado recientemente Santiago de Compostela y Barcelona,
y recuerdo con gratitud tantas atenciones y
manifestaciones de cercanía y afecto al Sucesor de Pedro
por parte de los españoles y sus Autoridades. Son dos
lugares emblemáticos, en los que se pone de relieve tanto
el atractivo espiritual del Apóstol Santiago, como la
presencia de signos admirables que invitan a mirar hacia
lo alto aun en medio de un ambiente plural y complejo.
Durante
mi visita he percibido muchas muestras de la vivacidad de
la fe católica de esas tierras, que han visto nacer
tantos santos, y que están sembradas de catedrales,
centros de asistencia y de cultura, inspirados por la
fecunda raigambre y fidelidad de sus habitantes a sus
creencias religiosas. Esto comporta también la
responsabilidad de unas Relaciones diplomáticas entre
España y la Santa Sede que procuren fomentar siempre, con
mutuo respeto y colaboración, dentro de la legítima
autonomía en sus respectivos campos, todo aquello que
suscite el bien de las personas y el desarrollo auténtico
de sus derechos y libertades, que incluyen la expresión
de su fe y de su conciencia, tanto en la esfera pública
como en la privada.
Por su
significativa trayectoria en la actividad diplomática,
Vuestra Excelencia conoce bien que la Iglesia, en el
ejercicio de su propia misión, busca el bien integral de
cada pueblo y sus ciudadanos, actuando en el ámbito de
sus competencias y respetando plenamente la autonomía de
las autoridades civiles, a las que aprecia y por las que
pide a Dios que ejerzan con generosidad, honradez, acierto
y justicia su servicio a la sociedad. Este marco en el que
confluyen la misión de la Iglesia y la función del
Estado, además, ha quedado plasmado en acuerdos
bilaterales entre España y la Santa Sede sobre los
principales aspectos de interés común, que proporcionan
ese soporte jurídico y esa estabilidad necesaria para que
las respectivas actuaciones e iniciativas beneficien a
todos.
El
comienzo de su alta responsabilidad, Señora Embajadora,
tiene lugar en una situación de gran dificultad económica
de ámbito mundial que atenaza también a España, con
resultados verdaderamente preocupantes, sobre todo en el
campo de la desocupación, que provoca desánimo y
frustración especialmente en los jóvenes y las familias
menos favorecidas. Tengo muy presentes a todos los
ciudadanos, y pido al Todopoderoso que ilumine a cuantos
tienen responsabilidades públicas para buscar
denodadamente el camino de una recuperación provechosa a
toda la sociedad. En este sentido, quisiera destacar con
satisfacción la benemérita actuación que las
instituciones católicas están llevando a cabo para
acudir con presteza en ayuda de los más menesterosos, a
la vez que hago votos para una creciente disponibilidad a
la cooperación de todos en este empeño solidario.
Con esto,
la Iglesia muestra una característica esencial de su ser,
tal vez la más visible y apreciada por muchos, creyentes
o no. Pero ella pretende ir más allá de la mera ayuda
externa y material, y apuntar al corazón de la caridad
cristiana, para la cual el prójimo es ante todo una
persona, un hijo de Dios, siempre necesitado de
fraternidad, respeto y acogida en cualquier situación en
que se encuentre.
En este
sentido, la Iglesia ofrece algo que le es connatural y que
beneficia a las personas y las naciones: ofrece a Cristo,
esperanza que alienta y fortalece, como un antídoto a la
decepción de otras propuestas fugaces y a un corazón
carente de valores, que termina endureciéndose hasta el
punto de no saber percibir ya el genuino sentido de la
vida y el porqué de las cosas. Esta esperanza da vida a
la confianza y a la colaboración, cambiando así el
presente sombrío en fuerza de ánimo para afrontar con
ilusión el futuro, tanto de la persona como de la familia
y de la sociedad.
No
obstante, como he recordado en el Mensaje para la
celebración de la Jornada Mundial de la Paz 2011, en
vez de vivir y organizar la sociedad de tal manera que
favorezca la apertura a la trascendencia (cf. n. 9), no
faltan formas, a menudo sofisticadas, de hostilidad contra
la fe, que «se expresan a veces renegando de la historia
y de los símbolos religiosos, en los que se reflejan la
identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos»
(n. 13). El que en ciertos ambientes se tienda a
considerar la religión como un factor socialmente
insignificante, e incluso molesto, no justifica el tratar
de marginarla, a veces mediante la denigración, la burla,
la discriminación e incluso la indiferencia ante
episodios de clara profanación, pues así se viola el
derecho fundamental a la libertad religiosa inherente a la
dignidad de la persona humana, y que «es un arma auténtica
de la paz, porque puede cambiar y mejorar el mundo» (cf.
n. 15).
En su
preocupación por cada ser humano de manera concreta y en
todas sus dimensiones, la Iglesia vela por sus derechos
fundamentales, en diálogo franco con todos los que
contribuyen a que sean efectivos y sin reducciones. Vela
por el derecho a la vida humana desde su comienzo a su término
natural, porque la vida es sagrada y nadie puede disponer
de ella arbitrariamente. Vela por la protección y ayuda a
la familia, y aboga por medidas económicas, sociales y
jurídicas para que el hombre y la mujer que contraen
matrimonio y forman una familia tengan el apoyo necesario
para cumplir su vocación de ser santuario del amor y de
la vida. Aboga también por una educación que integre los
valores morales y religiosos según las convicciones de
los padres, como es su derecho, y como conviene al
desarrollo integral de los jóvenes. Y, por el mismo
motivo, que incluya también la enseñanza de la religión
católica en todos los centros para quienes la elijan,
como está preceptuado en el propio ordenamiento jurídico.
Antes de
concluir, deseo hacer una referencia a mi nueva visita a
España para participar en Madrid, el próximo mes de
agosto, en la celebración de la XXVI Jornada Mundial de
la Juventud. Me uno con gozo a los esfuerzos y oraciones
de sus organizadores, que están preparando esmeradamente
tan importante acontecimiento, con el anhelo de que dé
abundantes frutos espirituales para la juventud y para
España. Me consta también la disponibilidad, cooperación
y ayuda generosa que tanto el Gobierno de la Nación como
las autoridades autonómicas y locales están dispensando
para el mejor éxito de una iniciativa que atraerá la
atención de todo el mundo y mostrará una vez más la
grandeza de corazón y de espíritu de los españoles.
Señora
Embajadora, hago mis mejores votos por el desempeño de la
alta misión que le ha sido encomendada, para que las
relaciones entre España y la Santa Sede se consoliden y
progresen, a la vez que le aseguro el gran aprecio que
tiene el Papa por las siempre queridas gentes de España.
Le ruego así mismo que se haga intérprete de mis
sentimientos ante los Reyes de España y las demás
Autoridades de la Nación, a la vez que invoco abundantes
bendiciones del Altísimo sobre Vuestra Excelencia, su
familia que hoy la acompaña, así como sobre sus
colaboradores y el noble pueblo español.
Sig.ra
María Jesús Figa López-Palop
Ambasciatore
di Spagna presso la Santa Sede
È nata a
Barcelona il 26 aprile 1951.
È
sposata ed ha due figli.
Laureata
in Diritto, ha ottenuto un Diploma in Scienze
internazionali presso la Scuola Diplomatica.
Intrapresa
la carriera diplomatica nel 1978, ha ricoperto i seguenti
incarichi: Direttore di Dipartimento presso il Ministero
degli Affari Esteri (1978); Segretario di Ambasciata in
Costa d'Avorio (1978-1980); Direttore di Dipartimento
presso il Ministero degli Affari Esteri (1980-1984);
Segretario di Ambasciata in Messico (1984-1988); Capo di
Gabinetto presso il Ministero degli Affari Esteri
(1988-1990); Consigliere di Ambasciata in Portogallo
(1990-1994); Consigliere di Ambasciata in Messico
(1994-1998); Vocal-Asesora della Direzione Generale
del Ministero degli Affari Esteri (1998-2000); Vocal-Asesora
presso il Gabinetto del Presidente del Governo
(2000-2002); Ambasciatore nella Repubblica Dominicana
(2002-2005); Ambasciatore in missione speciale per i
Summit iberoamericani e gli affari multilaterali (2005);
Direttore Generale per gli Affari economici presso il
Ministero degli Affari Esteri (2005-2007);
Sotto-Segretario del Ministero degli Affari Esteri
(2007-2010).
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