Fonte,
Radio Vaticana, 14 marzo 2008
Superare
le tensioni e promuovere una vera pace fondata sulla
giustizia e la libertà: l’esortazione del Papa al nuovo
ambasciatore della Bolivia
Promuovere
una pace fondata sulla giustizia, la verità e la libertà:
è l’invito rivolto da Benedetto XVI all’ambasciatore
della Bolivia presso la Santa Sede, Carlos Federico de la
Riva Guerra, ricevuto stamani in udienza per le Lettere
credenziali. Il Papa ha assicurato l’impegno della
Chiesa per la promozione dello sviluppo umano e spirituale
dei boliviani come anche per la riconciliazione nella
società civile. Il servizio di Alessandro Gisotti:
La Bolivia, ha rilevato il Papa, sta affrontando un
periodo di profondo cambiamento che produce situazioni a
volte preoccupanti. In effetti, ha detto, “non si può
rimanere indifferenti quando aumenta la tensione sociale e
si diffonde un clima che non aiuta la comprensione”
reciproca. Tutti, ha aggiunto, sono consapevoli che le
posizioni contrastanti ostacolano un dialogo costruttivo
che guardi alle soluzioni di equità economica e di
giustizia per il bene comune. Il Papa ha perciò esortato
le autorità politiche a promuovere le condizioni
necessarie al dialogo e alla concordia. La collaborazione
tra le persone e le istituzioni, ha avvertito, deve
contribuire “a sradicare i mali che affliggono il nobile
popolo boliviano tante volte colpito” anche da
catastrofi naturali che richiedono l’impegno da parte di
tutti in spirito di fraternità. “Il raggiungimento
della pace – è stata la sua esortazione – deve
fondarsi sulla giustizia, sulla verità e sulla libertà
così come sulla cooperazione reciproca e sull’amore e
la riconciliazione”.
La Chiesa, ha detto ancora, fedele alla sua missione,
“è sempre pronta a collaborare alla pacificazione e
allo sviluppo umano e spirituale del Paese, proclamando la
sua dottrina ed esprimendo pubblicamente le sue opinioni
sulle questioni di ordine sociale”. Per questo, sente
come suo dovere orientare i fedeli e tutta la società al
rifiuto dell’odio razziale, della vendetta, del
revanscismo, che in definitiva mirano alla divisione
piuttosto che al rispetto nella diversità. La difesa e la
salvaguardia dei diritti umani, è stato il suo richiamo,
trova sostegno nei “valori etici come la giustizia, il
desiderio della pace, l’onestà, la trasparenza e la
solidarietà effettiva”. Per questo, ha messo
l’accento sull’importanza dell’insegnamento morale,
della distinzione tra ciò che è giusto e ciò che è
ingiusto, poiché nessuna società può sostenersi senza
questa consapevolezza. In tale contesto, ha aggiunto, la
famiglia ha un ruolo decisivo anche nel suo essere la
principale agenzia di pace. Benedetto XVI ha infine
ricordato quanto le profonde radici cristiane della
Bolivia abbiano aiutato il suo popolo ad affrontare i
momenti difficili.
PAROLE DEL
SANTO PADRE
Señor
Embajador:
1. Es
para mí motivo de particular alegría recibirlo en esta
audiencia en la que me presenta las cartas credenciales
que lo acreditan como Embajador Extraordinario y
Plenipotenciario ante la Santa Sede. Al darle la más
cordial bienvenida, quiero agradecer las atentas palabras
que me ha dirigido y desearle una fecunda labor en la alta
misión que le ha sido encomendada. Asimismo, le ruego que
haga llegar mi cercanía y afecto a todos los hijos e
hijas de ese querido País, así como mi deferente saludo
al Señor Presidente de la República.
2. Las
hondas raíces cristianas de Bolivia han sostenido a sus
pueblos, acompañado los avatares de su historia y
promovido el sentido de respeto y reconciliación, tan
necesario en los momentos difíciles que esa Nación ha
debido afrontar. A este respecto, es particularmente
significativa la masiva y calurosa acogida de todos los
bolivianos, de la ciudad y del campo, del altiplano y del
oriente, a mi venerado predecesor Juan Pablo II durante la
visita que realizó hace veinte años a vuestro País, y
que puso de manifiesto la fuerte impronta religiosa y el
espíritu de comunión y de fraternidad, como muestra de
la fe de todo un pueblo.
Recordar
este acontecimiento es importante en un momento en el que
vuestra Nación está viviendo un profundo proceso de
cambio, que produce situaciones difíciles y a veces
preocupantes. En efecto, no es posible permanecer
indiferentes cuando la tensión social va en aumento y se
difunde un clima que no favorece el entendimiento. Creo
que todos compartimos la convicción de que las posiciones
encontradas, en ocasiones incentivadas y aplaudidas,
obstaculizan el diálogo constructivo para encontrar
soluciones de equidad económica y justicia con miras al
bien común, especialmente en favor de los que tienen
dificultades para vivir de manera digna.
Las
autoridades que rigen los destinos del pueblo, así como
los responsables de las organizaciones políticas,
sociales y civiles, necesitan de la prudencia y sabiduría
que nace del amor por el hombre, con el fin de promover en
la entera población las condiciones necesarias para el diálogo
y el acuerdo. Este loable objetivo se verá favorecido si
todos los bolivianos aportan lo mejor de sí mismos con
franqueza y próvida solicitud no exenta, a menudo, de
abnegación y sacrificio. De este modo, la colaboración
sincera y altruista de personas e instituciones contribuye
a erradicar los males que afligen al noble pueblo
boliviano, tantas veces afectado también por catástrofes
naturales, que reclaman de todos medidas eficaces y
sentimientos de fraternidad que ayuden a solventar sus
graves consecuencias.
El
renacimiento civil y social, político y económico, exige
siempre una desinteresada laboriosidad y generosa entrega
en favor de un pueblo que reclama ayuda material, moral y
espiritual. La consecución de la paz ha de estar basada
en la justicia, la verdad y la libertad, así como en la
cooperación recíproca, el amor y la reconciliación
entre todos.
3. La
Iglesia, conociendo bien las necesidades y esperanzas del
pueblo boliviano, ofrece el anuncio de la fe y su
experiencia en humanidad para ayudarlo a crecer
espiritualmente y a alcanzar su plena realización humana.
Fiel a su misión, está siempre dispuesta a colaborar en
la pacificación y desarrollo humano y espiritual del País,
proclamando su doctrina y expresando también públicamente
su parecer sobre cuestiones referentes al orden social.
Por ello, reconociendo las competencias propias del Estado,
asume como deber propio orientar a sus fieles, proponiéndoles
a ellos, y a toda la sociedad, que destierren el odio
racial, el revanchismo y la venganza y, en definitiva, que
en vez de adoptar actitudes de división emprendan el
camino de la solidaridad y de la confianza mutua en el
respeto de la diversidad.
En el
Documento conclusivo de la V Conferencia del Episcopado de
América Latina y del Caribe, en Aparecida, los Obispos
consideraron urgente colaborar con las instancias políticas
y sociales para crear nuevas estructuras que consoliden un
orden social, económico y político, promuevan una auténtica
convivencia humana, impidan la prepotencia de algunos y
faciliten el diálogo fraterno, sincero y constructivo
para los necesarios consensos sociales (cf. n. 384).
Para ello,
es preciso que la defensa y salvaguardia de los derechos
humanos esté firmemente respaldada por valores éticos,
como la justicia y el anhelo de paz, la honestidad y la
transparencia, así como la solidaridad efectiva para que
se corrijan las injustas desigualdades sociales.
Por eso,
la enseñanza del bien moral, de lo justo o lo injusto,
sin lo cual ninguna sociedad podría sostenerse, incumbe a
la educación ya desde la más tierna edad. En esta tarea,
la familia tiene un papel decisivo, por lo que debe contar
con las ayudas necesarias para cumplir su cometido y ser
esa "principal ‘agencia’ de paz" en
beneficio de todos (Mensaje para la Jornada Mundial de
la Paz, 2008, 5).
4. Señor
Embajador, antes de concluir este encuentro quisiera
reiterar los mejores deseos por un feliz desempeño de su
misión, para que se robustezcan los vínculos de diálogo
entre su País y esta Sede Apostólica.
Deseamos
para su Nación un auténtico renacimiento espiritual,
material y civil. Anhelamos de corazón que en cada
persona humana resplandezca la imagen de su Creador y Señor,
y que el amor de Cristo Jesús sea fuente de esperanza
para cada hijo e hija de esa amada tierra boliviana. Pido
al Señor que en Bolivia triunfe la verdad que busca el
respeto del otro, también del que no comparte las mismas
ideas, la paz que se hermana con la justicia y abre las
puertas al desarrollo armónico y estable, la sensatez que
se esfuerza en encontrar soluciones ecuánimes y
razonables a los problemas y la concordia que une las
voluntades en la superación de las adversidades y en la
consecución del bien común.
Que la
materna protección de Nuestra Señora de Copacabana
acompañe a Vuestra Excelencia, a su familia, a sus
colaboradores y a todos los amados hijos e hijas de la
noble Nación boliviana.