DISCORSO
DEL PAPA AL NUOVO AMBASCIATORE DI COLOMBIA
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Fonte,
Radio Vaticana, 9 febbraio 2007
NEL
DISCORSO DEL PAPA AL NUOVO AMBASCIATORE DELLA COLOMBIA,
LA
PREOCCUPAZIONE DEL
PAPA PER
LA GRAVE CRISI
SOCIO-POLITICA NEL
PAESE LATINOAMERICANO. FORTE RICHIAMO AI CATTOLICI
PERCHE’ DIFENDANO NELLE LEGGI DELLO STATO I PRINCIPI DEL
VANGELO E DELLA RAGIONE NATURALE
La
grave crisi umanitaria in Colombia causata dall’annoso
conflitto interno e le attese di pace e riconciliazione:
al centro del discorso del Papa al nuovo ambasciatore
presso
la Santa
Sede
del Paese latinoamericano, Juan Gomez Martinez, ricevendo
stamani le sue Lettere credenziali. Il servizio di Roberta
Gisotti:
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Un
Paese,
la Colombia
storicamente distintosi per la sua “identità
cattolica” – ha ricordato Benedetto XVI - e che vede
oggi la Chiesa, come ha riconosciuto l’ambasciatore
colombiano, svolgere un’importante opera per la
riconciliazione, levando la sua voce nei momenti decisivi
della vita nazionale per affermare “quali sono le basi
insostituibili del vero progresso umano e della convivenza
pacifica, esortando i cattolici e gli uomini di buona
volontà a seguire il cammino del perdono e della
responsabilità comune per instaurare la giustizia”.
Ma
nonostante i lodevoli sforzi compiuti dal Paese – ha
osservato il Papa - per raggiungere la pace e la
riconciliazione insieme all’impegno speso per favorire
il progresso e rendere più solide alcune istituzioni
democratiche, così come gli obiettivi raggiunti per una
maggiore sicurezza e stabilità sociale e nella lotta alla
povertà, tutt’ora
la Colombia
si trova a vivere una complessa situazione in campo
politico e sociale “per portare avanti un dialogo di
pace”, alle prese pure con problemi “che attentano
alla dignità della persona, all’unità della famiglia,
ad un giusto sviluppo economico e ad un’adeguata qualità
di vita”. In
particolare il Santo Padre si è riferito alle tante
vittime della violenza e alle numerose persone sfollate a
causa dell’annoso conflitto interno e alla grave crisi
umanitaria che ne è conseguita, deplorando il “crudele
flagello dei sequestri”, che violano in modo così grave
i diritti delle persone, pregando e auspicando la
liberazione di quanti sono al momento ingiustamente
privati della libertà”.
Benedetto
XVI ha espresso quindi la sua “preoccupazione per le
leggi che interessano questioni molto delicate come la
trasmissione e la difesa della vita, la salute,
l’identità della famiglia e il rispetto del
matrimonio”. Riguardo questi temi, alla luce della
ragione naturale e dei principi morali e spirituali che
provengono dal Vangelo - ha ribadito il Papa – “
la Chiesa
cattolica proseguirà a proclamare incessantemente
l’inalienabile grandezza della dignità umana”. Da qui
l’appello “anche
alla responsabilità dei laici presenti negli organi
legislativi, nel Governo e nella amministrazione della
giustizia, perché le leggi esprimano sempre i principi e
i valori che sono conformi al diritto naturale e che
promuovano l’autentico bene comune”.
Infine
l’incoraggiamento a tutti i colombiani perché
proseguano gli sforzi volti a raggiungere la concordia e
la crescita armonica della Nazione. Aspirazioni che
trovano piena realizzazione “solo quando Dio è
considerato al centro della vita e della storia umana”.
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DISCORSO
DI SUA SANTITÀ BENEDETTO XVI
Señor
Embajador:
1. Me
complace recibir de sus manos las Cartas que lo acreditan
como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República
de Colombia ante la Santa Sede. Le doy mi más cordial
bienvenida a este encuentro con el que inicia su misión y
le agradezco las amables palabras que me ha dirigido, así
como el deferente saludo que el Señor Presidente, el
Doctor Álvaro Uribe Vélez, ha querido hacerme llegar por
medio de usted, como expresión de la cercanía espiritual
del pueblo colombiano al Papa.
Vuestra
Excelencia viene a representar ante la Santa Sede a una
Nación que, a lo largo de su historia, se ha distinguido
por su identidad católica. Sus palabras me han recordado,
y me han permitido comprobar una vez más, el vivo afecto
y la filial devoción de los colombianos al Sucesor de
Pedro, como fruto de una arraigada vivencia de la fe
cristiana, y que se manifiesta además en el aprecio de
los fieles hacia los Obispos y sus colaboradores, tratando
de mantener las tradiciones y las virtudes heredadas de
los mayores.
2. No
pasan desapercibidos ante el mundo los importantes
esfuerzos que su país ha hecho para buscar la paz y la
reconciliación, junto con el empeño por fomentar el
progreso y unas instituciones democráticas más sólidas.
Son de alabar los objetivos alcanzados para una mayor
seguridad y estabilidad social, así como en la lucha
contra la pobreza. También hay que destacar la constante
preocupación en materia de educación, favoreciendo el
acceso de todos los ciudadanos a los programas escolares y
universitarios, pues la educación es el cimiento de una
sociedad más humana y solidaria.
No
obstante, como usted ha mencionado, en su país se siguen
dando complejas situaciones en el campo político y
social. Conozco los desafíos que entraña el llevar
adelante un diálogo de paz, necesario a pesar de los múltiples
escollos que surgen en el camino. Persisten, además,
otros problemas en la sociedad que atentan contra la
dignidad de las personas, la unidad de las familias, un
justo desarrollo económico y una conveniente calidad de
vida. Teniendo en cuenta tanto los logros como las
dificultades, animo a todos los colombianos a continuar en
sus esfuerzos para conseguir la concordia y el crecimiento
armónico de la nación. Estas aspiraciones sólo alcanzan
su plena realización cuando Dios es considerado como el
centro de la vida y de la historia humana.
3. Por
esto aprecio que Vuestra Excelencia haya subrayado la
importante labor de la Iglesia católica para la
reconciliación nacional. En efecto, además de la
participación directa de algunos Obispos, sacerdotes y
religiosos en las acciones encaminadas a construir la paz,
su voz ha resonado también en los momentos decisivos de
la vida colombiana, recordando cuáles son las bases
insustituibles del verdadero progreso humano y de la
convivencia pacífica, exhortando a los católicos y a los
hombres de buena voluntad a seguir el camino del perdón y
de la responsabilidad común para instaurar la justicia.
4. Como
Pastor de la Iglesia Universal, no puedo dejar de expresar
a Vuestra Excelencia mi preocupación por las leyes que
conciernen a cuestiones muy delicadas como la transmisión
y defensa de la vida, la enfermedad, la identidad de la
familia y el respeto del matrimonio. Sobre estos temas, y
a la luz de la razón natural y de los principios morales
y espirituales que provienen del Evangelio, la Iglesia católica
seguirá proclamando sin cesar la inalienable grandeza de
la dignidad humana. Es necesario apelar también a la
responsabilidad de los laicos presentes en los órganos
legislativos, en el Gobierno y en la administración de la
justicia, para que las leyes expresen siempre los
principios y los valores que sean conformes con el derecho
natural y que promuevan el auténtico bien común.
5. El
inicio de su misión ante la Santa Sede me ofrece también
la oportunidad de recordar lo que ya dije el mes pasado en
mi discurso al Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede. Al
hablar sobre varios países, me referí "en
particular a Colombia, donde el largo conflicto interno ha
provocado una crisis humanitaria, sobre todo por lo que se
refiere a las personas desplazadas. Se deben hacer todos
los esfuerzos necesarios para pacificar el país, para
devolver las personas secuestradas a sus familias, para
volver a dar seguridad y una vida normal a millones de
personas. Esas señales darían confianza a todos, incluso
a los que han estado implicados en la lucha armada"
(8 enero 2007).
Es mi
ardiente deseo que en su país se ponga fin a este cruel
flagelo de los secuestros, que atentan de manera tan grave
a la dignidad y a los derechos de las personas. Acompaño
con mi oración a quienes se hallan injustamente privados
de la libertad y expreso mi cercanía a sus familias,
confiando en su pronta liberación.
A este
respecto, las numerosas instituciones dedicadas a la
caridad, siguiendo los proyectos pastorales de la
Conferencia Episcopal y de las diócesis, están llamadas
a prestar asistencia humanitaria a los más necesitados,
especialmente a los desplazados, tan numerosos en
Colombia, así como a las víctimas de la violencia. De
este modo dan también testimonio del esfuerzo de la
Iglesia que, siempre en el marco de su propia misión y en
las circunstancias que vive la nación, es artífice de
comunión y de esperanza.
6. Al
terminar este encuentro, deseo manifestarle nuevamente mis
anhelos de que en su Patria se consolide la paz tan
anhelada, así como la reconciliación. Ruego a Dios Padre
que haga fructificar todos los esfuerzos realizados con
este fin. Invoco también la intercesión de Nuestra Señora
del Rosario de Chiquinquirá sobre el querido pueblo
colombiano, sobre el Señor Presidente y los demás
gobernantes, y especialmente sobre Vuestra Excelencia y su
distinguida familia, deseándole un gran acierto en el
cumplimiento de la alta misión que le ha sido confiada.
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