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UDIENZA
AL NUOVO AMBASCIATORE IN PERU' (16 MARZO 2007) |
Radio Vaticana,
16 marzo 2007
La
Chiesa rispetta le competenze dello Stato, ma ha il dovere
di difendere la verità sull’essere umano:
l’esortazione del Papa nell’udienza al nuovo
ambasciatore peruviano, Alfonso Rivero Monsalve
La
Chiesa, “esperta in umanità” insegna che “solo nel
rispetto della legge morale, che difende e protegge la
dignità della persona umana, si può costruire la pace”
e un “progresso sociale stabile”. E’ quanto
sottolineato da Benedetto XVI nell’udienza al nuovo
ambasciatore del Perù, Alfonso Rivero Monsalve, ricevuto
stamani in Vaticano per la presentazione delle Lettere
Credenziali. Il servizio di Alessandro Gisotti:
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Benedetto XVI ha ribadito l’impegno della Chiesa
affinché “ogni peruviano si senta rispettato nei suoi
diritti inalienabili”. I cattolici del Perù, è stata
la sua esortazione, “sono chiamati ad essere fermento
del messaggio cristiano nelle sue istituzioni sociali e
nella vita pubblica, per contribuire così alla
costruzione di una società più fraterna”. Il Pontefice
non ha mancato poi di soffermarsi sul fenomeno della
globalizzazione, che anche in Perù “incide direttamente
sulla persona e i suoi valori”. I peruviani, ha
constatato, sperano di avvantaggiarsi della crescita
economica, in modo che la ricchezza sia distribuita in
modo equo.
Il Papa ha dunque invitato i governi come anche le
organizzazioni internazionali a lavorare per uno sviluppo
di tutti i popoli, nella ricerca delle bene comune e in
spirito di autentica solidarietà. Quindi, ha ribadito che
la Chiesa riconosce allo Stato le sue competenze nelle
questioni sociali, politiche ed economiche. Tuttavia, ha
proseguito, ritiene un proprio dovere, derivato dalla sua
missione evangelizzatrice, “la salvaguardia e la
diffusione della verità sull’essere umano”. Ha così
sottolineato che la dignità della persona e della vita,
dal concepimento al suo termine naturale, vanno difese e
protette, come peraltro stabilisce anche la Costituzione
peruviana.
Benedetto XVI ha ricordato la sua visita in Perù nel
1986, quando era prefetto della Congregazione per la
Dottrina della Fede. Viaggio citato anche nel suo discorso
dell’ambasciatore peruviano, che si è augurato che
Benedetto XVI possa presto tornare a visitare il Paese
andino. D’altro canto, il diplomatico ha voluto
sottolineare la grande gioia con la quale, in tutto il Sud
America, si attende l’arrivo del Papa in Brasile, nel
maggio prossimo, per la Conferenza Generale dei vescovi
dell’America Latina e dei Caraibi.
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L’ambasciatore Alfonso Rivero Monsalve è nato a
Lambayeque, il 4 dicembre 1942. È sposato ed ha due
figli. Nella sua carriera diplomatica, iniziata nel 1967,
ha rivestito l’incarico di ambasciatore in India,
Bolivia, Cile, Brasile e Stati Uniti d’America. È stato
inoltre vice ministro e segretario generale degli Affari
Esteri.
DISCORSO
DI BENEDETTO XVI
Señor
Embajador:
1. Al
recibir las Cartas que lo acreditan como Embajador
Extraordinario y Plenipotenciario de la República del Perú
ante la Santa Sede, me complace darle la más cordial
bienvenida, deseándole una fecunda labor para mantener
las buenas relaciones que existen entre su noble País y
esta Sede Apostólica. Al agradecerle las amables y
sentidas palabras que me ha dirigido, le ruego que tenga a
bien transmitir mi deferente saludo al Excelentísimo Dr.
Alan García Pérez, Presidente de la República, a su
Gobierno y al querido pueblo peruano.
2. Este
encuentro nos trae a la memoria los profundos lazos que su
Nación ha tenido y tiene con la Iglesia. Desde el primer
momento, la fe católica -llevada allí por
evangelizadores como santo Toribio de Mogrovejo, cuyo IV
centenario de su muerte se ha conmemorado el año pasado-
fue acogida y llegó a penetrar poco a poco en los
entresijos culturales y sociales de ese pueblo bendito, en
el que florecieron muy pronto los primeros santos y santas
en suelo latinoamericano. Y como usted ha mencionado, además
del santo Obispo, deseo recordar a los santos Rosa de
Lima, Martín de Porres, Francisco Solano, Juan Macías y
a la beata Ana de los Ángeles Monteagudo, beatificada por
el Papa Juan Pablo II en su primera visita al Perú en
1985. También yo tuve ocasión de visitar su Patria en
1986 cuando era Prefecto de la Congregación para la
Doctrina de la Fe. Conservo un gratísimo recuerdo de
aquellos días, sobre todo de mis encuentros con personas
sencillas de barrios populares, tanto en Lima como en el
Cuzco.
3. En
este mundo de rápidas transformaciones sociales, políticas
y económicas, su País no es una excepción al
experimentar también profundos cambios. Son procesos que
inciden directamente en las personas y en sus valores. A
este respecto, son notables los esfuerzos realizados por
la Iglesia y el Estado en materia de educación y en el
uso de las nuevas tecnologías, con el fin de generar una
mayor inclusión de los sectores menos favorecidos en los
nuevos espacios culturales de nuestro tiempo. Por otra
parte, subsisten problemas morales y religiosos que tanto
la Iglesia como el Estado deben afrontar, cada uno en el
marco de su propia competencia y precisamente para el bien
de los peruanos.
Se sabe
que el Perú quiere hacer frente adecuadamente al fenómeno
de la globalización aprovechando las oportunidades
ofrecidas por el crecimiento económico, de modo que la
riqueza producida y otros bienes sociales lleguen a todos
de modo equitativo. Los peruanos, como todos los seres
humanos, esperan también que los servicios de salud
atiendan debidamente a todas las capas sociales; que la
educación sea patrimonio de todos, mejorando su calidad a
todos los niveles; que frente a la corrupción impere la
integridad que permita la acción eficaz de las diversas
instituciones públicas, ayudando así a superar tantas
situaciones de hambre y miseria.
Urge,
pues, la unión de intentos para hacer posible una
continua acción de los gobernantes ante los desafíos de
un mundo globalizado, los cuales deben ser afrontados con
auténtica solidaridad. Esta virtud, como decía mi
predecesor Juan Pablo II, ha de inspirar la acción de los
individuos, de los gobiernos, de los organismos e
instituciones internacionales y de todos los miembros de
la sociedad civil, comprometiéndolos a trabajar para un
justo crecimiento de los pueblos y de las naciones,
teniendo como objetivo el bien de todos y de cada uno (cf.
Sollicitudo rei socialis, 40).
4. La
Iglesia, que reconoce al Estado su competencia en las
cuestiones sociales, políticas y económicas, asume como
un propio deber, derivado de su misión evangelizadora, la
salvaguardia y difusión de la verdad sobre el ser humano,
el sentido de su vida y su destino último que es Dios.
Ella es fuente de inspiración a fin de que la dignidad de
la persona y de la vida, desde su concepción hasta su término
natural, sea reconocida y protegida, como garantiza la
Constitución Peruana. Por esto, seguirá colaborando de
manera leal y generosa en la educación, en la atención
sanitaria y en la ayuda a los más pobres y necesitados.
5. Desde
esta Sede Apostólica se continuará apoyando todo el
esfuerzo social que ya se lleva a cabo, para que haya
siempre igualdad de oportunidades y cada peruano se sienta
respetado en sus derechos inalienables. Por eso, el
Episcopado del Perú seguirá fomentando, a la luz del
Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia, la búsqueda
de la verdad en el campo familiar, laboral y sociopolítico.
Por su parte, los católicos peruanos están también
llamados a ser fermento del mensaje cristiano en las
instituciones sociales y en la vida pública, para
contribuir así a la construcción de una sociedad más
fraterna. La Iglesia, consciente de su propia "misión
religiosa y, por esto mismo, sumamente humana" (Gaudium
et spes, 11), así como de su deber de proponer la
verdad de todo hombre, que por ser hijo de Dios está
dotado de una dignidad superior y anterior a toda ley
positiva, seguirá trabajando para alcanzar estos
objetivos. Ella, "experta en humanidad" (Populorum
progressio, 13), enseña además que sólo en el
respeto de la ley moral, que defiende y protege la
dignidad de la persona humana, se puede construir la paz
favoreciendo un progreso social estable. Por eso es de
desear que continúe la mutua colaboración entre el
Estado y la Iglesia en el Perú, que hasta ahora ha dado
buenos frutos.
6. Señor
Embajador, al concluir este grato encuentro renuevo a
usted mi más cordial bienvenida, formulando los mejores
votos por el éxito de la misión que ahora inicia. Al
implorar al Señor de los Milagros que derrame abundantes
bendiciones sobre Vuestra Excelencia, su distinguida
familia, sus colaboradores y sobre las Autoridades de su
País, pido también a Nuestra Señora de las Mercedes que
proteja al querido pueblo peruano para que siga
progresando por los caminos de la justicia, de la
solidaridad y de la paz.
©
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