Seguite
con coraggio il Vangelo: così il Papa al Pontificio
Collegio Pio Latino Americano di Roma
Benedetto
XVI ha ricevuto stamani in udienza la comunità del
Pontificio Collegio Pio Latino Americano, che in questi
giorni sta festeggiando il 150.mo anniversario di
fondazione. Il Papa ha esortato gli studenti di questa
prestigiosa istituzione a perpetuarne il patrimonio con
l’apporto della “gioiosa esperienza dell’universalità
della Chiesa”. Il servizio di Amedeo Lomonaco:
Fin dalla sua fondazione, il 27 novembre del 1858, il
Collegio Pio Latino Americano di Roma si è distinto come
centro di formazione, prima per seminaristi, e
successivamente per diaconi e sacerdoti. I suoi studenti
– ha spiegato Benedetto XVI – hanno trovato “un
clima di semplicità, accoglienza, preghiera e fedeltà al
magistero del Papa”. Un clima – ha aggiunto il Santo
Padre – che contribuisce a far crescere l’amore per
Cristo e il desiderio “di servire umilmente la Chiesa,
cercando sempre la gloria di Dio e il bene delle anime”.
Il Papa ha quindi esortato gli studenti del Pontificio
Collegio, “eredi di un ricco patrimonio umano e
spirituale”, a perpetuare questa ricchezza con
l’apporto delle “distinte discipline ecclesiastiche e
la gioiosa esperienza dell’universalità della
Chiesa”. L’invito è quello di seguire il Vangelo con
coraggio rispondendo all’insegnamento di Gesù:
“Andate dunque e fate miei discepoli tutti i popoli”.
“Ustedes mismos son fruto de esa maravillosa
siembra… Voi stessi siete il frutto di questa meravigliosa
semina del messaggio di Cristo nella storia”. La possibilità, data dal Pontificio Collegio, di
aprirsi alla conoscenza di altre culture ed esperienze
ecclesiali – ha poi osservato il Papa – aiuta a
sentirsi “autentici discepoli di Cristo e missionari
della sua Parola”. Una missione vissuta nella fedeltà
al Pontefice:
“El amor y la adhesión a la Sede Apostólica… L'amore e l'attaccamento alla Sede Apostolica è una
delle caratteristiche più rilevanti dei popoli
latinoamericani e dei Caraibi”.
Incontrando
gli studenti del Pontificio Collegio Latino Americano di
Roma, il Santo Padre ha ricordato in particolare
l’impegno nella nuova evangelizzazione profuso dalla
“Missione Continentale”, indetta dalla Conferenza di
Aparecida per “la formazione e lo sviluppo delle comunità
cristiane e dei missionari”. Il Santo Padre ha infine
espresso il proprio apprezzamento alla Compagnia di Gesù,
alla quale San Pio X ha affidato la direzione del
Pontificio Collegio.
UDIENZA
ALLA COMUNITÀ DEL PONTIFICIO COLLEGIO PIO LATINO
AMERICANO DI ROMA
Venerados
hermanos en el Episcopado,
Queridos
Padre Rector, superiores, religiosas y alumnos del
Pontificio Colegio Pío Latino Americano de Roma
1.
Agradezco las amables palabras que en nombre de todos
ustedes me ha dirigido Monseñor Carlos José Ñáñez,
Arzobispo de Córdoba y Presidente de la Comisión
Episcopal del Pontificio Colegio Pío Latino Americano. Me
alegra recibirlos cuando están celebrando los ciento
cincuenta años de la fundación de esta benemérita
institución.
El
veintisiete de noviembre de mil ochocientos cincuenta y
ocho dio comienzo la fructuosa andadura de este Colegio
como valioso centro de formación, primero de seminaristas
y, desde hace algo más de tres décadas, de diáconos y
sacerdotes. Hoy, más de cuatro mil alumnos se sienten
miembros de esa gran familia. Todos ellos han mirado esta alma
mater con entrañable afecto, pues ésta se ha
distinguido desde sus inicios por un clima de sencillez,
de acogida, de oración y de fidelidad al Magisterio del
Sumo Pontífice, lo cual contribuye poderosamente a que en
los colegiales crezca el amor a Cristo y el deseo de
servir humildemente a la Iglesia, buscando siempre la
mayor gloria de Dios y el bien de las almas.
2.
Ustedes, queridos alumnos del Colegio Pío
Latinoamericano, son herederos de este rico patrimonio
humano y espiritual, que hay que perpetuar y enriquecer
con un serio cultivo de las distintas disciplinas eclesiásticas
y con la vivencia gozosa de la universalidad de la Iglesia.
Aquí, en esta ciudad, los Apóstoles Pedro y Pablo
proclamaron con audacia el Evangelio y pusieron
fundamentos sólidos para propagarlo por todo el mundo, en
cumplimiento del mandato del Maestro: «Vayan, pues, y
hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles
a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Y
sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el
final de los tiempos» (Mt 28, 19-20).
Ustedes
mismos son fruto de esa maravillosa siembra del mensaje
redentor de Cristo a lo largo de la historia. En efecto,
provienen de diversos países, en los que, hace más de
quinientos años, unos valerosos misioneros dieron a
conocer a Jesús, nuestro Salvador. De este modo, por
medio del bautismo, aquellas gentes se abrieron a la vida
de la gracia que los hizo hijos de Dios por adopción y
recibieron, además, el Espíritu Santo, que fecundó sus
culturas, purificándolas y desarrollando las semillas que
el Verbo encarnado había puesto en ellas, orientándolas
así por los caminos del Evangelio (cf. Discurso en la
Sesión inaugural de la V Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano y del Caribe, n. 1).
En Roma,
junto a la Cátedra del Príncipe de los Apóstoles,
ustedes tienen una oportunidad privilegiada de forjar su
corazón de verdaderos apóstoles, en los que todo su ser
y quehacer esté anclado firmemente en el Señor, que ha
de ser siempre para ustedes cimiento, brújula y meta de
sus esfuerzos. Además, el Colegio les permite compartir
fraternalmente su experiencia humana y sacerdotal y les
ofrece una ocasión favorable para abrirse permanentemente
al conocimiento de otras culturas y expresiones eclesiales.
Esto les ayudará a ser auténticos discípulos de
Jesucristo e intrépidos misioneros de su Palabra, con
amplitud de miras y grandeza de alma. De este modo, estarán
más capacitados para ser hombres de Dios que lo conocen
en profundidad, abnegados trabajadores en su viña y solícitos
dispensadores de la caridad de Jesucristo para con los más
necesitados.
3. Sus
Obispos los han enviado al Pontificio Colegio Pío
Latinoamericano para que se llenen de la sabiduría de
Cristo crucificado, de forma que, al regresar a sus diócesis,
puedan poner este tesoro a disposición de los demás en
los diversos encargos que les sean confiados. Esto
requiere aprovechar bien el tiempo de su estancia en Roma.
La constancia en el estudio y la investigación rigurosa,
además de hacerlos indagar en los misterios de la fe y en
la verdad sobre el hombre a la luz del Evangelio y de la
tradición de la Iglesia, fomentará en ustedes una vida
espiritual arraigada en la Palabra de Dios y siempre
alimentada por la riqueza incomparable de los sacramentos.
4. El
amor y la adhesión a la Sede Apostólica es una de las
características más relevantes de los pueblos
latinoamericanos y del Caribe. Por eso, mi encuentro con
ustedes me hace recordar los días que pasé en Aparecida,
cuando comprobé emocionado las manifestaciones de
colegialidad y comunión fraterna en el ministerio
episcopal de los representantes de las Conferencias
Episcopales de aquellos nobles países. Con mi presencia
allí, quise alentar a los obispos en su reflexión sobre
algo fundamental para avivar la fe de la Iglesia que
peregrina en aquellas amadas tierras: llevar a todos
nuestros fieles a ser "discípulos y misioneros de
Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida".
Les
invito a asociarse con entusiasmo a ese espíritu,
mostrado en el dinamismo con el que todas aquellas diócesis
han iniciado, o lo están haciendo, la «Misión
continental» impulsada en Aparecida, iniciativa que
facilitará la puesta en marcha de programas catequéticos
y pastorales destinados a la formación y desarrollo de
comunidades cristianas evangelizadas y misioneras. Acompañen
estos propósitos con su ferviente oración, para que los
fieles conozcan, se entreguen e imiten cada vez más a
Jesucristo, participando frecuentemente en las
celebraciones dominicales de cada comunidad y dando
testimonio de Él, de modo que se conviertan en
instrumentos eficaces de esa «Nueva Evangelización», a
la cual convocó repetidamente el Siervo de Dios Juan
Pablo II, mi venerado predecesor.
5. Al
concluir este encuentro, quisiera renovar mi cordial
agradecimiento a todos los presentes, en particular a la
Comisión Episcopal para el Colegio, que tiene la misión
de animar a sus alumnos a fortalecer su sentido de comunión
y fidelidad al Romano Pontífice y a sus propios Pastores.
Asimismo, quiero manifestar en las personas de los
Superiores del Colegio mi reconocimiento a la Compañía
de Jesús, a la que mi predecesor San Pío X encomendó a
perpetuidad la dirección de esta insigne institución, así
como a las religiosas y al personal que acompañan con
esmero e ilusión a estos jóvenes. Pienso igualmente con
gratitud en los que financian con su ayuda económica y
sostienen con su generosidad y plegaria esta obra eclesial.
6. Pongo
en las manos de María Santísima, Nuestra Señora de
Guadalupe, a todos y cada uno de ustedes, así como a sus
familias y comunidades de origen, para que su maternal
protección les asista amorosamente en sus tareas y les
ayude a enraizarse muy hondamente en su Hijo, nuestro Señor
Jesucristo, fruto bendito de su seno.