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UDIENZA
AI PRESULI DELLA COSTA RICA |
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il servizio trasmesso da Radio Vaticana
Fonte,
Radio Vaticana, 8 febbraio 2008
Si deve
difendere il bene della famiglia davanti a tutte le
istanze competenti: così, Benedetto XVI ai vescovi della
Costa Rica, in visita ad Limina
Benedetto
XVI ha indicato stamani ai vescovi della Costa Rica,
ricevuti in occasione della loro visita ad Limina,
la necessità di difendere l’istituzione familiare, di
promuovere un rigoroso discernimento nella formazione dei
seminaristi e di evitare i rischi di una vita di fede
debole e superficiale. La grande speranza dell’uomo –
ha detto il Papa - è “quella che resiste, nonostante
tutte le delusioni”. Questa speranza, ha aggiunto, può
essere solo Dio. Il servizio di Amedeo Lomonaco:
“E’ necessario promuovere il bene della famiglia e
difendere i suoi diritti davanti a tutte le istanze
competenti” così come promuovere lo sviluppo di
un'attenzione pastorale che la protegga e la aiuti nelle
difficoltà. Il Papa indica queste priorità ai vescovi
della Costa Rica, esprimendo anche preoccupazione “per
il crescente deterioramento dell’istituzione familiare,
con gravi ripercussioni tanto nel tessuto sociale quanto
nella vita ecclesiale”.
Tampoco se han de olvidar los grupos de matrimonios
y familias…
“E nemmeno si deve dimenticare - ha aggiunto - di
aiutare gli sposi e le famiglie a completare la loro alta
e indispensabile vocazione, né tanto meno i servizi
specifici che alleviano situazioni penose, prodotte dalla
separazione, dalla precarietà economica o dalla violenza
domestica, di cui sono vittime soprattutto le donne”.
Il compito, indicato ai presuli dal Santo Padre, è
quello “di cercare nuovi modi di annunciare Cristo” in
una situazione caratterizzata da rapide e profonde
trasformazioni, accentuando “il carattere missionario di
tutta l’attività pastorale”. Con questa
predisposizione, la Conferenza generale dell’episcopato
latino americano e dei Carabi tenutasi ad Aparecida –
ricorda poi il Papa - ha posto rilievo “su come
accogliere e fare proprio il messaggio del Vangelo”. Il
popolo della Costa Rica, sottolinea quindi Benedetto XVI,
ha bisogno di rivitalizzare costantemente “le sue
antiche e profonde radici cristiane, la sua vigorosa
religiosità popolare e la sua sviscerata pietà
mariana”.
Queridos Obispos, conoscéis bien los riesgos…
“Cari vescovi - ha detto - conoscete bene i rischi di
una vita di fede languida e superficiale quando si
infrange in falsi richiami come il proselitismo delle
sette e di gruppi pseudoreligiosi e la moltitudine di
promesse di un benessere facile e immediato, che però si
concludono nel disinganno e nella disillusione, o nella
diffusione di ideologie che, proclamando l’esaltazione
dell’essere umano, in realtà lo banalizzano”. E’ di
inestimabile valore l’annuncio della grande speranza
dell’uomo, “quella che resiste, nonostante tutte le
delusioni, e che può essere solo Dio”.
Un testimonio vivo de esta esperanza…
“Una testimonianza viva di questa grande speranza -
ha proseguito - trova riscontro nei religiosi, nelle
persone consacrate che sono chiamate, per la loro stessa
vocazione, ad essere prima di tutto segno del Regno di
Dio”. Dopo aver illustrato la missione dei fedeli
laici, il Papa ha sottolineato che il patrimonio di tutta
la Chiesa si custodisce e si arricchisce con “una
diligente attenzione ai seminaristi”. Sono necessari,
osserva Benedetto XVI, “orientamenti e criteri
chiari”, e una “formazione costante”. L’idoneità
dei seminaristi – aggiunge - richiede “un
discernimento rigoroso” e non basta una formazione
astratta e formale, poiché si preparano a vivere le
stesse parole dell’apostolo Giovanni: ‘Vi annunciamo
quello che abbiamo visto e sentito affinché voi siate in
comunione con noi”.
Además, ésta es una perspectiva que puede
suscitar…
"Questa - ha concluso - è inoltre una prospettiva
che può suscitare nei giovani l’entusiasmo per Gesù e
la sua missione salvatrice, facendo germogliare nei loro
cuori il desiderio di partecipare come sacerdoti e
consacrati".
DISCORSO
DI SUA SANTITÀ BENEDETTO XVI
AI PRESULI DELLA CHIESA GRECO-CATTOLICA DELL'UCRAINA
IN VISITA "AD LIMINA APOSTOLORUM"
Venerdì,
1 febbraio 2008
Queridos
Hermanos en el Episcopado:
1. Me
llena de gozo recibiros al final de vuestra visita ad
Limina, lo cual me ofrece la ocasión de saludaros a
todos juntos y alentaros en la esperanza, tan necesaria
para el ministerio que se os ha confiado y que ejercéis
con generosidad. Agradezco las palabras del Presidente de
la Conferencia Episcopal, Mons. José Francisco Ulloa
Rojas, el cual ha querido manifestar los desafíos y las
esperanzas que encontráis en vuestro quehacer pastoral y
expresar vuestra cercanía y estrecha comunión con el
Obispo de Roma, Sede "en la que siempre residió
la primacía de la cátedra apostólica" (S.Agustín,
Ep. 43, 3, 7).
Este
encuentro es en cierto modo nuevo para algunos de vosotros,
agregados recientemente al colegio episcopal, para otros
son nuevas las Iglesias particulares que traen en su corazón
y, para todos, también el rostro del Sucesor de Pedro es
nuevo. Es una novedad que puede contribuir a dar mayor
intensidad aún a los propósitos de esta visita, entre
los que sobresale la renovación ante los sepulcros de San
Pedro y San Pablo de la fe en Cristo Jesús, transmitida
por los Apóstoles, y que a vosotros os corresponde
custodiar como sucesores suyos. Al mismo tiempo, ha de
ayudar a reavivar vuestra «solicitud por toda la Iglesia»
(Lumen gentium, 23), contribuyendo así a ensanchar
también el corazón de todos los creyentes con la
perspectiva de universalidad propia del mensaje cristiano.
2. Tenéis
ante vosotros la tarea de buscar nuevas maneras de
anunciar a Cristo en medio de una situación de rápidas y
a menudo profundas transformaciones, acentuando el carácter
misionero de toda actividad pastoral. En este sentido, la
reciente Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del
Caribe, celebrada en Aparecida, ha puesto de relieve cómo
el acoger y hacer propio el mensaje del Evangelio es algo
que corresponde a cada persona y cada generación, en las
diversas circunstancias y etapas de su vida.
También
el pueblo costarricense necesita revitalizar
constantemente sus antiguas y profundas raíces cristianas,
su vigorosa religiosidad popular o su entrañable piedad
mariana, para que den frutos de una vida digna de los discípulos
de Jesús, alimentada por la oración y los sacramentos,
de una coherencia de la existencia cotidiana con la fe
profesada y de un compromiso de participar activamente en
la misión de «abrir el mundo para que entre Dios y, de
este modo, la verdad, el amor y el bien» (cf. Spe
salvi, 35).
3. El Señor
ha sido pródigo con su viña en Costa Rica, donde hay un
buen número de sacerdotes que son los principales
colaboradores del Obispo en su ministerio pastoral. Por
eso necesitan, además de orientaciones y criterios claros,
de una formación constante y de apoyo en el ejercicio de
su ministerio, una cercanía propia de «hijos y amigos»
(Lumen gentium, 28), que les llegue al corazón,
animándolos en sus esfuerzos, ayudándolos en sus
dificultades y, si fuera preciso, corrigiendo y remediando
eventuales situaciones que oscurecen la imagen del
sacerdocio y de la Iglesia misma.
Este gran
patrimonio de toda Iglesia particular se custodia y
enriquece con una esmerada atención a los seminaristas,
cuya idoneidad requiere un discernimiento riguroso, y a
los que no basta una formación abstracta y formal, pues
se preparan para vivir ellos mismos aquellas palabras del
Apóstol: «Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos,
para que estéis unidos a nosotros en esa unión que
tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1 Jn
1, 3). Además, ésta es una perspectiva que puede
suscitar en los jóvenes el entusiasmo por Jesús y su
misión salvadora, haciendo brotar en su corazón el deseo
de participar en ella como sacerdotes y consagrados.
4.
Queridos Obispos, conocéis bien los riesgos de una vida
de fe lánguida y superficial cuando se enfrenta a señuelos
como el proselitismo de las sectas y grupos
pseudorreligiosos, la multitud de promesas de un bienestar
fácil e inmediato, pero que terminan en el desengaño y
la desilusión, o la difusión de ideologías que,
proclamando ensalzar al ser humano, en realidad lo
banalizan. En una situación como ésta, cobra un
inestimable valor el anuncio de «la gran esperanza del
hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones y que
es Dios, el Dios que nos ha amado y nos sigue amando» (cf.
Spe salvi, 27).
Un
testimonio vivo de esta esperanza, que eleva el ánimo y
da fortaleza en los desvelos de la vida humana,
corresponde de manera muy especial a los religiosos,
religiosas y personas consagradas, que por su propia
vocación están llamados ante todo a ser signo del «misterio
del Reino de Dios que ya actúa en la historia» (Vita
consecrata, 1). Por eso son un don precioso para la
Iglesia, «como elemento decisivo para su misión, ya que
‘indica la naturaleza misma de la vocación cristiana’»
(ibíd, 3), por lo que se ha de agradecer al Señor
su presencia en cada Iglesia particular.
También
a los fieles laicos les corresponde participar en esta
misión según su vocación específica, y es hermoso
comprobar su colaboración eficaz para mantener y difundir
la llama de la fe mediante la catequesis y la cooperación
con las parroquias y las diversas organizaciones
pastorales de las diócesis. Merecen sin duda la gratitud,
el aliento y la atención constante de sus Pastores, para
que reciban siempre y de manera sistemática una formación
cristiana sólida, teniendo en cuenta, además, que son
ellos los llamados a llevar los valores cristianos a los
diversos sectores de la sociedad, al mundo del trabajo, de
la convivencia civil o de la política. En efecto, el
orden temporal es una obligación suya (cf. Apostólicam
actuositatem, 7), a ellos corresponde «configurar
rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía
y cooperando con los otros ciudadanos según las
respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad»
(Deus caritas est, 29).
Sobre los
catequistas y animadores de las comunidades, en particular,
conviene recordar la exigencia de que acompañen la
trasmisión de la recta doctrina con el testimonio
personal, con el firme compromiso de vivir según los
mandatos del Señor y con la experiencia viva de ser
miembros fieles y activos de la Iglesia. En efecto, este
ejemplo de vida es necesario para que su instrucción no
se quede en una mera transmisión de conocimientos teóricos
sobre los misterios de Dios, sino que conduzca a adoptar
un modo de vida cristiano. Esto era decisivo ya en la
Iglesia antigua, cuando se examinaba al final si los catecúmenos,
«han vivido correctamente su catecumenado, si han honrado
a las viudas, si han visitado a los enfermos, si han hecho
obras buenas» (Traditio Apostolica, 20).
5. Con
razón os preocupa un creciente deterioro de la institución
familiar, con graves repercusiones tanto en el entramado
social como en la vida eclesial. A este respecto, es
necesario promover el bien de la familia y defender sus
derechos ante las instancias pertinentes, así como
desarrollar una atención pastoral que la proteja y ayude
de manera directa en sus dificultades. Por ello es de la máxima
importancia una adecuada catequesis prematrimonial, así
como una cercanía cotidiana que lleve aliento a cada
hogar y haga resonar en él aquel saludo de Jesús: «Hoy
ha llegado la salvación a esta casa» (Lc 19, 9).
Tampoco se han de olvidar los grupos de matrimonios y
familias para ayudarse entre sí a cumplir su alta e
indispensable vocación, ni los servicios específicos que
alivien situaciones penosas, producidas por el abandono de
la convivencia, la precariedad económica o la violencia
doméstica, de la que son víctimas sobre todo las mujeres.
6. Al
concluir este encuentro, deseo aseguraros mi especial
cercanía, junto con mis plegarias al Señor por vuestro
ministerio. Os ruego que seais portadores de mi afecto a
vuestros fieles, muy especialmente a los sacerdotes, a las
comunidades religiosas y las personas consagradas, así
como a los catequistas y a cuantos están comprometidos en
la apasionante tarea de llevar y mantener viva la luz de
Cristo en esta bendita tierra de Costa Rica.
Pido a la
Santísima Virgen María, a la que con tanta devoción
invocan los costarricenses bajo la advocación de Nuestra
Señora de los Ángeles, que proteja a sus hijos en esa
querida Nación, y los lleve con ternura a conocer y amar
cada vez más a su divino Hijo. A ellos y a vosotros, os
imparto de corazón la Bendición Apostólica.
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