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Benedetto
XVI ai vescovi dell'Honduras: annunciate i valori
sociali del Vangelo per ridare speranza alle fasce
povere e degradate del vostro Paese
L’escalation
della violenza e la diffusione della povertà
si combattono testimoniando i valori sociali del
Vangelo e rafforzando l’istituzione del
matrimonio, oltre che con un rilancio
dell’azione pastorale e del servizio della carità.
E’ questa la sostanza dell’esortazione rivolta
da Benedetto XVI ai vescovi dell’Honduras,
ricevuti in udienza nella tarda mattinata di oggi,
a conclusione della loro visita ad Limina.
Il servizio di Alessandro De Carolis:
Le piaghe sociali curate con le parole di Gesù,
che rinnovano il cuore, e con le azioni di
solidarietà che nascono dall’amore cristiano e
danno una speranza a chi non l’ha più.
Benedetto XVI “vede” così la missione della
Chiesa in Honduras. Parlando di cura del clero e
delle vocazioni come primi impegni pastorali, il
Papa ha sollecitato i vescovi del Paese
centroamericano a puntare molto sulla fede -
sostenuta e guidata in modo corretto - dei loro
connazionali:
“El pueblo honduregno...
Il popolo honduregno è caratterizzato da un
profondo spirito religioso che si manifesta, tra
l'altro, nelle tante e radicate pratiche di
devozione popolare, che, opportunamente purificate
da elementi estranei alla fede, dovrebbero essere
un valido strumento per l'annuncio del Vangelo”.
D'altra parte, ha riconosciuto Benedetto XVI,
“la diffusione del secolarismo, come pure il
proselitismo delle sette, è una fonte di
confusione per molti credenti, e provoca anche una
perdita di un senso di appartenenza alla
Chiesa”. Tuttavia, ha proseguito, la
“constatazione delle enormi difficoltà che si
oppongono alla vostra missione pastorale,
piuttosto che indurre allo scoraggiamento,
dovrebbe servire a promuovere un ampio e
coraggioso lavoro di evangelizzazione che si
appoggi, più che sull’efficacia dei mezzi
materiali o su progetti umani, sulla potenza della
Parola di Dio, accolta con fede, vissuta con umiltà
e annunciata con fedeltà”. Un richiamo
incisivo, al quale il Papa ha associato il clero e
i religiosi del Paese - ringraziati con calore e
stima per il loro lavoro - ma anche i laici
cattolici, i quali da tempo, ha affermato
Benedetto XVI, svolgono in Honduras un “ruolo
significativo” come catechisti e delegati della
Parola:
“Ellos, mediante el testimonio de su vida
cristiana…
Essi, attraverso la testimonianza della loro
vita cristiana, possono portare in tutti i settori
della società la luce del messaggio di Cristo,
attirando nella comunità cristiana coloro la cui
fede si è indebolita o da cui si sono
allontanati. I fedeli laici devono, quindi,
intensificare la loro relazione con Dio e
acquisire una solida formazione, soprattutto per
quanto riguarda la Dottrina sociale cattolica”.
Inoltre, ha osservato il Pontefice, “un
ambito di particolare cura pastorale è quello del
matrimonio e della famiglia, della cui forza e
stabilità beneficiano sia la Chiesa sia la società”:
“A este respecto, es justo reconocer...
A questo proposito, è giusto riconoscere
l'importante passo di aver incluso nella
Costituzione del vostro Paese un esplicito
riconoscimento del matrimonio, quantunque siamo
ben consapevoli del fatto che non basta avere una
buona legge se dopo non si attua il necessario
lavoro culturale e catechetico perché risplendano
nella società la verità e la bellezza del
matrimonio, vera alleanza perpetua di vita e di
amore tra un uomo e una donna”.
Il Papa ha spronato alla cura dei seminaristi,
al servizio dei quali - ha detto - vanno posti con
generosità “i migliori formatori e i mezzi
materiali opportuni”, perché il popolo di Dio
ha “diritto” a sacerdoti umanamente e
spiritualmente maturi. Parlando infine
dell’aiuto alle fasce della società colpite da
varie forme di emarginazione, Benedetto XVI ha
concluso con queste parole di incoraggiamento:
“So bene quanto vi affligga la povertà nella
quale vivono molti vostri concittadini, insieme
con l'escalation
di violenza, migrazione, distruzione ambientale,
corruzione o con le lacune in materia di
istruzione, in mezzo ad altri gravi problemi”.
Di fronte a ciò, potenziate “in tutte le vostre
comunità diocesane e parrocchiali un intenso e
capillare servizio di carità”, specialmente a
sostegno dei malati, degli anziani e dei detenuti.
DISCURSO
DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LOS OBISPOS DE HONDURAS
EN VISITA «AD LIMINA APOSTOLORUM»
Jueves 26 de junio de 2008
Señor
cardenal,
queridos hermanos en el Episcopado:
1.
Os recibo con gran alegría en esta mañana y
agradezco al Señor el poder encontraros para
compartir con todos vosotros los proyectos e
ilusiones, las preocupaciones y dificultades de
vuestro corazón de Pastores de la Iglesia. La
comunidad católica de Honduras ha sido bendecida
con la consagración en poco tiempo de cinco
nuevos obispos; quiera el Señor que esta visita ad
limina, cuando se cumplen veinticinco años
del viaje pastoral del Papa Juan Pablo II a
vuestra tierra, contribuya a fortalecer aún más
los estrechos vínculos de comunión entre
vosotros y con el Sucesor de Pedro, para
reemprender con nuevo ardor la misión que el Señor
os ha confiado.
Deseo
agradecer vivamente al señor cardenal Óscar Andrés
Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa y
Presidente de la Conferencia Episcopal, las
amables palabras con las que me ha expresado
vuestro afecto y adhesión, así como el de
vuestros sacerdotes, religiosos y fieles
diocesanos. A todos ellos, pero especialmente a
los que sufren a causa de la pobreza, la violencia
o la enfermedad, los tengo muy presentes en mi
oración manifestándoles toda mi estima y cercanía
espiritual.
2.
El pueblo hondureño se caracteriza por un
profundo espíritu religioso que se manifiesta,
entre otras cosas, en las numerosas y arraigadas
prácticas de devoción popular, las cuales,
debidamente purificadas de elementos extraños a
la fe, deben ser un instrumento válido para el
anuncio del Evangelio. Por otro lado, y como
sucede en otras partes, la difusión del
secularismo, así como el proselitismo de las
sectas, es fuente de confusión para muchos fieles,
y provoca además una pérdida del sentido de
pertenencia a la Iglesia.
La
constatación de las enormes dificultades que se
oponen a vuestra misión pastoral, lejos de llevar
al desánimo, ha de servir para impulsar una
extensa y audaz labor de evangelización, que se
apoye, más que en la eficacia de los medios
materiales o de los proyectos humanos, en el poder
de la Palabra de Dios (cf. Hb 4, 12),
acogida con fe, vivida con humildad y anunciada
con fidelidad.
En
cuanto sucesores de los Apóstoles, habéis sido
llamados a una misión excelsa: «perpetuar la
obra de Cristo, Pastor eterno» (Christus
Dominus, 2). Cristo es ciertamente el
corazón de la evangelización (cf. Pastores
gregis, n. 27), por eso el amor a Él y a
los hombres os urge a llevar su mensaje hasta los
últimos rincones de vuestra querida nación, para
que todos puedan llegar a ese encuentro personal e
íntimo con el Señor, que es el comienzo de una
auténtica vida cristiana (cf. Deus
caritas est, 1).
3.
En esta urgente tarea de anunciar la Buena Nueva
de la salvación, contáis con la ayuda
inestimable de vuestros sacerdotes. Ellos, siendo
los primeros colaboradores en vuestra misión
pastoral, han de ser también los principales
destinatarios de vuestra solicitud de padres,
hermanos y amigos, prestando atención a su vida
espiritual y a sus necesidades materiales.
Asimismo, el cuidado y la atención con la que
seguís la formación de los seminaristas es una
manifestación elocuente de vuestro amor por el
sacerdocio. Con confianza en el Señor, y con
generosidad, poned siempre al servicio del
Seminario los mejores formadores y los medios
materiales convenientes, para que los futuros
sacerdotes adquieran esa madurez humana,
espiritual y sacerdotal que los fieles necesitan y
tienen derecho a esperar de sus pastores.
A
pesar del incremento de las vocaciones en los últimos
tiempos, la escasez de presbíteros en vuestras
Iglesias particulares es, con razón, una de
vuestras principales preocupaciones. Por eso, el
empeño en suscitar vocaciones entre los jóvenes
debe ser un objetivo prioritario de vuestros
planes de pastoral, en los que se han de implicar
todas las comunidades diocesanas y parroquiales.
En este sentido, os animo a alentar la oración
personal y comunitaria que, además de ser un
mandato del Señor (cf. Mt 9,38), es
necesaria para descubrir y favorecer una respuesta
generosa a la propia vocación.
No
puedo dejar de reconocer la gran labor
evangelizadora que realizan las comunidades
religiosas, enriqueciendo vuestras diócesis con
la presencia de sus carismas específicos, y cuya
colaboración debéis seguir promoviendo en un espíritu
de verdadera comunión eclesial.
4.
Deseo destacar también el significativo papel que
los laicos católicos hondureños están asumiendo
en las parroquias como catequistas y delegados de
la Palabra. Un aspecto importante del ministerio
pastoral consiste en trabajar sin descanso para
que los fieles sean cada vez más conscientes de
que, en virtud de su bautismo y confirmación, están
llamados a vivir la plenitud de la caridad
participando en la misma misión salvífica de la
Iglesia (cf. Lumen
gentium, 33). Ellos, mediante el
testimonio de su vida cristiana, pueden llevar a
todos los sectores de la sociedad la luz del
mensaje de Cristo, atrayendo a la comunidad
eclesial a aquéllos cuya fe se ha debilitado o se
encuentran alejados de ella. Los fieles laicos
necesitan, por tanto, intensificar su relación
con Dios y adquirir una sólida formación,
especialmente en cuanto se refiere a la doctrina
social de la Iglesia. De esta manera, como
fermento en medio de la masa, podrán cumplir su
misión de transformar la sociedad según el
querer de Dios (cf. ibíd., 31).
Asimismo,
un ámbito de singular atención pastoral es el
matrimonio y la familia, cuya solidez y
estabilidad tanto beneficia a la Iglesia y a la
sociedad. A este respecto, es justo reconocer el
paso importante que se ha dado al incluirse en la
Constitución de vuestro país un reconocimiento
explícito del matrimonio, aunque bien sabéis que
no basta poseer una buena legislación si después
no se realiza esa necesaria labor cultural y de
catequesis que haga resplandecer en la sociedad la
verdad y la belleza del matrimonio, verdadera
alianza perpetua de vida y amor entre un hombre y
una mujer.
5.
Al igual que el anuncio de la Palabra y la
celebración de los sacramentos, el servicio de la
caridad forma parte esencial de la misión de la
Iglesia (cf. Deus
caritas est, 25). De ahí que los Obispos,
como sucesores de los Apóstoles, sean los
primeros responsables de este servicio de caridad
en las Iglesias particulares (cf. ibíd.,
32). Sé bien cuánto os aflige la pobreza en la
que viven tantos compatriotas vuestros, junto al
aumento de la violencia, la emigración, la
destrucción del medio ambiente, la corrupción o
las carencias en la educación, entre otros graves
problemas. Como ministros del Buen Pastor habéis
desplegado, de palabra y de obra, una intensa
labor de ayuda a los necesitados. Os exhorto
vivamente a seguir mostrando en vuestro ministerio
el rostro misericordioso de Dios, potenciando en
todas vuestras comunidades diocesanas y
parroquiales un extenso y capilar servicio de
caridad, que llegue de modo especial a los
enfermos, a los ancianos y a los encarcelados.
6.
Amadísimos hermanos, de nuevo os reitero mi
afecto y mi agradecimiento por toda vuestra
dedicación y solicitud pastoral. Al mismo tiempo,
os ruego que transmitáis a vuestros sacerdotes,
religiosos, religiosas, seminaristas y fieles
laicos el saludo y el aprecio del Papa.
A
la intercesión de la Inmaculada Virgen de Suyapa
encomiendo vuestras personas, intenciones y propósitos
pastorales, para que llevéis a todos los hijos de
Honduras la esperanza que nunca defrauda, Cristo
Jesús, el único Salvador del género humano. Con
estos deseos os acompaña mi oración y mi bendición
apostólica.
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