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MESSA
CON I MEMBRI DEL COMITATO ORAGANIZ. DELL'INCONTRO
DELLE FAMIGLIE |
Radio
Vaticana, 23 aprile 2009
Benedetto
XVI: obbedire a Dio ci rende pienamente liberi
Obbedire
a Dio non vuol dire assoggettarsi, né adempiere a comandi
ma discernere quello che viene dall’Alto: lo ha
sottolineato Benedetto XVI nell’omelia della Messa
celebrata stamane in Vaticano nella Cappella Redemptoris
Mater con i membri del Comitato organizzatore del VI
Incontro mondiale delle Famiglie, svoltosi in Messico nel
gennaio scorso. La delegazione di 85 persone ha fatto
omaggio al Santo Padre di una gigantografia del Papa
stesso, composta con un mosaico di oltre 7 mila foto dei
partecipanti all’evento di 25 Paesi. Il servizio di Roberta
Gisotti.
(Musica)
“Bisogna obbedire a Dio piuttosto che agli uomini”:
così Pietro e gli apostoli condotti dalle guardie nel
Sinedrio rispondevano al Sommo Sacerdote che li
interrogava sul perché avessero continuato a predicare in
nome di Gesù, dopo la sua morte, nonostante i suoi ordini
contrari. Ha spiegato il Papa che “la Parola di Dio ci
parla di un’obbedienza, che non è semplicemente
assoggettamento, né un semplice adempimento di comandi,
ma nasce da un’intima comunione con Dio, e consiste in
uno sguardo interiore che sa discernere quello che viene
dall’Alto e che sta in cima a tutto”. Benedetto VI si
è quindi rivolto al gruppo di fedeli messicani
accompagnati dal cardinale Norberto Rivera Carrera,
arcivescovo di Città del Messico e dal cardinale Ennio
Antonelli presidente del Pontificio Consiglio per la
Famiglia:
"Queridos amigos, nuestros contemporaneos......"
“Cari amici – ha detto - i nostri contemporanei
hanno bisogno di scoprire questa obbedienza, che non è
teorica, ma vitale”. Significa infatti “scegliere
comportamenti concreti, basati sull’obbedienza
all’amore di Dio, che ci fa essere pienamente liberi”.
"Las familias cristianas con su diva
domestica...."
“Le famiglie cristiane – ha aggiunto - con la loro
vita domestica, semplice e allegra, condividendo giorno
dopo giorno l’allegria, la speranza, la preoccupazione,
vissute alla luce della fede, sono una scuola di
obbedienza e ambito di vera libertà”. E, “quelli che
vivono il loro matrimonio secondo il piano di Dio da molti
anni”, - ha concluso la sua omelia il Papa - sanno bene
che “la bontà del Signore” “aiuta e incoraggia”.
(Musica)
OMELIA DEL
SANTO PADRE
Queridos
amigos:
Hace
poco, hemos dicho en el Salmo responsorial: «Bendigo al
Señor en todo momento; su alabanza está siempre en mi
boca» (Salmo 33). Lo alabamos hoy por el VI
Encuentro Mundial de las Familias, celebrado felizmente en
la Ciudad de México el pasado mes de enero, y a cuya
organización y desarrollo ustedes han participado de
diversos modos. Se lo agradezco de corazón. Saludo también
cordialmente a los señores cardenales Ennio Antonelli,
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, y al
Arzobispo Primado de México, Norberto Rivera Carrera, que
preside esta peregrinación a Roma.
En la
lectura de los Hechos de los Apóstoles hemos escuchado de
labios de San Pedro: «Hay que obedecer a Dios antes que a
los hombres» (Hch 5,29). Esto concuerda plenamente
con lo que nos dice el Evangelio de Juan: «El que cree en
el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo, no
verá la vida» (Jn 3,36). Así, pues, la Palabra
de Dios nos habla de una obediencia que no es simple
sujeción, ni un simple cumplimiento de mandatos, sino que
nace de una íntima comunión con Dios y consiste en una
mirada interior que sabe discernir aquello que «viene de
lo alto» y «está por encima de todo». Es fruto del Espíritu
Santo que Dios concede «sin medida».
Queridos
amigos, nuestros contemporáneos necesitan descubrir esta
obediencia, que no es teórica sino vital; que es un optar
por unas conductas concretas, basadas en la obediencia al
querer de Dios, que nos hacen ser plenamente libres. Las
familias cristianas con su vida doméstica, sencilla y
alegre, compartiendo día a día las alegrías, esperanzas
y preocupaciones, vividas a la luz de la fe, son escuelas
de obediencia y ámbito de verdadera libertad. Lo saben
bien los que han vivido su matrimonio según los planes de
Dios durante largos años, como alguno de los presentes,
comprobando la bondad del Señor que nos ayuda y alienta.
En la
Eucaristía Cristo está realmente presente; es el pan que
baja de lo alto para reparar nuestras fuerzas y afrontar
el esfuerzo y la fatiga del camino. Él está a nuestro
lado. Que Él sea el mejor amigo también de quien hoy
recibe la primera comunión, trasformando su interior para
que sea testigo entusiasta de Él ante los demás.
Prosigamos
ahora nuestra celebración eucarística invocando la
amorosa intercesión de nuestra Madre del cielo, Nuestra
Señora de Guadalupe, para que recibamos a Jesús y
tengamos vida y, fortalecidos con el pan Eucarístico,
seamos servidores de la verdadera alegría para el mundo.
Amén.
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