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UDIENZA
AI PRESULI PORTORICANI (30 GIUGNO 2007) |
Fonte,
Radio Vaticana, 30 giugno 2007
Le
sfide della Chiesa portoricana di fronte al relativismo
morale e all’indifferenza religiosa: ne ha parlato
Benedetto XVI ai vescovi del Paese centroamericano in
visita "ad Limina"
Preservare
e accrescere il dono dell’unità nella Chiesa per
fronteggiare i rivolgimenti sociali, culturali e religiosi
che stanno attraversando il Porto Rico: il pressante
invito di Benedetto XVI ai presuli del Paese
centroamericano associato agli Stati Uniti, ricevuti
stamattina in udienza, al termine della loro visita ad
Limina. Il servizio di Roberta Gisotti:
“Preoccupazione per le sfide e le difficoltà” da
affrontare in questo momento storico sono state espresse
stamani al Papa i vescovi del Porto Rico. E Benedetto XVI
ha condiviso le inquietudini dei presuli per i cambiamenti
sopraggiunti nel loro Paese in ambito sociale, economico
ed anche religioso, che hanno favorito l’indifferenza
religiosa e il relativismo morale, intaccando le strutture
della stessa società. Da qui, la raccomandazione “a
proclamare con vigore la fede cattolica per una migliore
formazione dei fedeli”, preservando e accrescendo “il
dono dell’unità” nella Chiesa per testimoniare “una
autentica spiritualità di comunione”, che si manifesta
“nella mutua collaborazione e nella vita fraterna”. Ha
chiesto il Santo Padre ai presuli portoricani di dedicare
particolare attenzione pastorale ai sacerdoti, e così
anche ai candidati al sacerdozio perché abbiano educatori
idonei.
Tra i segni negativi emergenti nella società
portoricana, Benedetto XVI ha evidenziato come si vada
diffondendo “una mentalità inspirata ad un laicismo
che, in forma più o meno cosciente, conduce gradualmente
al disprezzo o all’ignoranza del sacro, relegando la
fede alla sfera del meramente privato. In questo clima -
ha osservato il Papa - un giusto concetto di libertà
religiosa non è compatibile con tale ideologia, che
invece si presenta come l’unica voce della razionalità”.
Ha sottolineato poi Benedetto XVI i rischi cui è
sottoposta in particolare la famiglia, “assediata dalle
tante insidie del mondo moderno, come sono il materialismo
imperante, la ricerca del piacere immediato, la mancanza
di stabilità e fedeltà nella coppia, influenzata
continuamente dai media”. “Quando un matrimonio non è
costruito sopra la roccia ferma dell’amore vero e del
mutuo impegno, viene trascinato facilmente dalla corrente
divorzista, eludendo insieme il valore della vita,
soprattutto quella dei non nati. Da qui, la necessità
indicata dal Papa di intensificare “una pastorale
familiare incisiva, che aiuti gli sposi cristiani ad
assumere i valori fondamentali del Sacramento ricevuto”.
Quindi, un pensiero speciale ai giovani, che tanto più
influenzati da “un facile permissivismo morale”, hanno
invece diritto “ad essere educati nella fede e nei sani
costumi”. E se “l’educazione integrale dei più
giovani non può prescindere dall’insegnamento religioso
nella scuola”, ha osservato Benedetto XVI, “una solida
formazione religiosa sarà, dunque, una protezione
efficace all’avanzare delle sette e di altri gruppi
religiosi di ampia diffusione attuale”.
Infine, l’auspicio del Santo Padre perché la
generosità già manifestata dai portoricani in tante
occasioni possa far crescere la solidarietà di chi vive
nell’abbondanza verso chi soffre di gravi carenze, e
vive nella povertà.
DISCORSO
DI SUA SANTITÀ BENEDETTO XVI
Queridos
hermanos en el Episcopado:
1. Con
sumo gusto os recibo, Pastores de la Iglesia de Dios que
peregrina en Puerto Rico, venidos a Roma para la visita ad
Limina y para fortalecer los profundos vínculos que
os unen con esta Sede Apostólica. A través de cada uno
de vosotros envío mi cordial saludo y expreso mi afecto y
estima a los sacerdotes, comunidades religiosas y fieles
laicos de las respectivas Iglesias particulares.
Agradezco
las amables palabras que me ha dirigido, en nombre de
todos, Mons. Roberto Octavio González Nieves, Arzobispo
de San Juan de Puerto Rico y Presidente de la Conferencia
Episcopal, exponiendo las inquietudes y esperanzas de
vuestro ministerio pastoral, orientado a guiar al Pueblo
de Dios por el camino de la salvación y proclamando con
vigor la fe católica para una mejor formación de los
fieles.
2. Las
relaciones quinquenales ponen de manifiesto la preocupación
por los retos y dificultades que se han de afrontar en
estos momentos de la Historia. En efecto, en los últimos
años muchas cosas han cambiado en el ámbito social, económico
y también religioso, dando paso a veces a la indiferencia
religiosa y a un cierto relativismo moral, que influyen en
la práctica cristiana y que, indirectamente, afecta también
a las estructuras de la misma sociedad. Esta situación
religiosa os interpela como Pastores y requiere que
permanezcáis unidos para hacer más palpable la presencia
del Señor entre los hombres a través de iniciativas
pastorales conjuntas y que respondan mejor a las nuevas
realidades.
Es
fundamental preservar y acrecentar el don de la unidad que
Jesús pedía al Padre para sus discípulos (cf. Jn
17,11). En la propia diócesis estáis llamados a vivir y
dar testimonio de la unidad querida por Cristo para su
Iglesia. Por otra parte, las eventuales diferencias de
costumbres y tradiciones locales, lejos de amenazar esta
unidad, contribuyen a enriquecerla desde la fe común. Y
vosotros, como sucesores de los Apóstoles, tenéis que
esforzaros en «mantener la unidad del Espíritu con el vínculo
de la paz» (Ef 4,3). Por eso quiero recordar que
todos, especialmente los Obispos y sacerdotes, estáis
llamados a una misión irrenunciable y que os compromete
profundamente: hacer que la Iglesia sea un lugar donde se
enseñe y se viva el misterio del amor divino, que sólo
será posible a partir de una auténtica espiritualidad de
comunión, que tiene su expresión visible en la mutua
colaboración y en la vida fraterna.
3. Un
sector que reclama primordialmente vuestra atención
pastoral son los sacerdotes. Ellos están en la primera línea
de la evangelización y necesitan de manera especial
vuestro cuidado y cercanía personal. Vuestra relación
con ellos no ha de ser sólo institucional, sino que, como
verdaderos hijos, amigos y hermanos vuestros, debe estar
animada sobre todo por la caridad (cf. 1Pe 4,8),
como expresión de la paternidad episcopal, que se ha de
manifestar de modo especial con los sacerdotes enfermos o
de edad avanzada, así como con los que se encuentren en
circunstancias difíciles.
Los
sacerdotes, por su parte, deben recordar que, ante todo,
son hombres de Dios y, por eso, han de cuidar su vida
espiritual y su formación permanente. Toda su labor
ministerial "debe comenzar efectivamente con la
oración", como dice san Alberto Magno (Comentario
de la teología mística, 15). Todo sacerdote
encontrará en este encuentro con Dios la fuerza para
vivir con mayor entrega y dedicación su ministerio, dando
ejemplo de disponibilidad y desprendimiento de las cosas
superfluas.
4.
Pensando en los futuros candidatos al sacerdocio y a la
vida consagrada, hay que resaltar la importancia de orar
sin cesar al Dueño de la mies (cf. Mt 9,38) para
que conceda a la Iglesia en Puerto Rico numerosas y santas
vocaciones, especialmente en la situación actual en la
que los jóvenes encuentran frecuentemente dificultades
para seguir el llamado del Señor a la vida sacerdotal o
consagrada. Por eso, se ha de incrementar una pastoral
vocacional específica, que mueva a los responsables de la
pastoral juvenil a ser mediadores audaces del llamado del
Señor. Sobre todo, no hay que tener miedo a proponerlo a
los jóvenes, acompañándolos después asiduamente, en el
ámbito humano y espiritual, para que vayan discerniendo
su opción vocacional.
Respecto
a la formación de los candidatos al sacerdocio, el Obispo
ha de poner suma atención en elegir a los educadores más
idóneos y mejor preparados para esta misión. Teniendo en
cuenta las circunstancias concretas y el número de
vocaciones en Puerto Rico, se podría tomar en consideración
la confluencia de esfuerzos y recursos, de común acuerdo
y con espíritu de unidad en la planificación pastoral,
con el fin de obtener resultados mejores y más
satisfactorios. Esto permitiría una mejor selección de
los formadores y profesores que ayuden a cada seminarista
a crecer con «una personalidad madura y equilibrada,
[...] con honda vida espiritual y amante de la Iglesia» (Pastores
gregis, 48). En esta delicada labor, todos los
sacerdotes deben sentirse corresponsables, promoviendo
nuevas vocaciones, sobre todo con el propio ejemplo y sin
dejar de acompañar a aquéllos que han surgido de la
propia comunidad parroquial o de algún movimiento.
5. En el
ámbito social se va difundiendo una mentalidad inspirada
en un laicismo que, de forma más o menos consciente,
lleva gradualmente al desprecio o a la ignorancia de lo
sacro, relegando la fe a la esfera de lo meramente privado.
En este sentido, un recto concepto de libertad religiosa
no es compatible con esa ideología, que a veces se
presenta como la única voz de la racionalidad.
Un reto
permanente para vosotros es también la familia, que se ve
asediada por tantas insidias del mundo moderno, como son
el materialismo imperante, la búsqueda del placer
inmediato, la falta de estabilidad y de fidelidad en la
pareja, influenciada continuamente por los medios de
comunicación. Cuando el matrimonio no se ha construido
sobre la roca firme del amor verdadero y de la mutua
entrega, es arrastrado fácilmente por la corriente
divorcista, soslayando además el valor de la vida, sobre
todo la de los no nacidos. Este panorama muestra la
necesidad de intensificar, como ya lo estáis haciendo,
una pastoral familiar incisiva, que ayude a los esposos
cristianos a asumir los valores fundamentales del
Sacramento recibido. En este sentido, fieles a las enseñanzas
de Cristo, a través de vuestro magisterio proclamáis la
verdad de la familia como Iglesia doméstica y santuario
de la vida, ante ciertas tendencias que, en la sociedad
actual, tratan de eclipsar o confundir el valor único e
insustituible del matrimonio entre hombre y mujer.
6. El
mencionado indiferentismo religioso y la tentación de un
fácil permisivismo moral, así como la ignorancia de la
tradición cristiana con su rico patrimonio espiritual,
influyen en gran manera sobre las nuevas generaciones. La
juventud tiene derecho, desde el inicio de su proceso
formativo, a ser educada en la fe y en las sanas
costumbres. Por eso la educación integral de los más jóvenes
no puede prescindir de la enseñanza religiosa también en
la escuela. Una sólida formación religiosa será, pues,
una protección eficaz ante el avance de las sectas o de
otros grupos religiosos de amplia difusión actual.
7. Los
fieles católicos, que están llamados a ocuparse de las
realidades temporales para ordenarlas según la voluntad
divina, han de ser testigos valientes de su fe en los
diferentes ámbitos de la vida pública. Su participación
en la vida eclesial es, además, fundamental y, en
ocasiones, sin su colaboración vuestro apostolado de
Pastores no llegaría a «todos los hombres de todos los
tiempos y lugares» (Lumen gentium, 33).
A este
respecto, quiero recordar unas significativas palabras de
mi predecesor Juan Pablo II en su viaje pastoral a Puerto
Rico: «Cuando en el ejercicio de vuestro ministerio
encontréis cuestiones que tocan opciones concretas de carácter
político, no dejéis de proclamar los principios morales
que rigen todo campo de la actividad humana. Pero dejad a
los laicos bien formados en su conciencia moral, la
ordenación según el plan de Dios de las cosas temporales.
Vosotros habéis de ser creadores de comunión y
fraternidad, nunca de división en nombre de opciones que
el pueblo fiel puede elegir legítimamente en sus diversas
expresiones» (n. 3, 12-10-1984).
8.
Algunos sectores de vuestra sociedad viven en la
abundancia mientras otros sufren graves carencias, que no
pocas veces rayan en la pobreza. En este sentido, es bien
conocida la generosidad de los puertorriqueños, que
responden de forma solidaria a los llamados de ayuda ante
ciertas tragedias en el mundo. A este respecto, es de
esperar que esta misma generosidad, coordinada por los
servicios de Cáritas de Puerto Rico, se incremente también
en aquellas circunstancias en las que grupos, personas o
familias del lugar necesiten una verdadera asistencia.
9.
Queridos Hermanos: la evangelización y la práctica de la
fe en Puerto Rico han estado siempre unidas al amor filial
a la Virgen María. Esto lo ponen de manifiesto los
templos, santuarios y monumentos, así como las prácticas
de piedad y fiestas populares en honor de la Madre de Dios.
A Ella encomiendo vuestras intenciones y trabajos
pastorales. Bajo su maternal protección pongo a todos los
sacerdotes, comunidades religiosas, así como a las
familias, a los jóvenes, a los enfermos y especialmente a
los más necesitados. Llevadles a todos el saludo y el
gran afecto del Papa, junto con la Bendición Apostólica.
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