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UDIENZA
AI PRESULI DELLA REPUBBLICA DOMINICANA (4 LUGLIO 2007) |
Fonte,
Radio Vaticana, 4 luglio 2007
Sostenere
la famiglia nel progetto cristiano e chiedere ai laici
coerenza di comportamenti pubblici per contrastare i mali
della secolarizzazione: cosi, il Papa ai vescovi della
Repubblica Dominicana
Di fronte
alle sfide del mondo globalizzato, Benedetto XVI ha
raccomandato stamani ai vescovi della Repubblica
Dominicana in visita ad Limina di annunciare il
Vangelo “in modo chiaro e preciso”, nei diversi ambiti
della società, valorizzando il ruolo della famiglia, dei
sacerdoti e dei laici. Il servizio di Roberta Gisotti:
Si è unito il Papa alle “preoccupazioni” dei
presuli dominicani, che pure testimoniando una Chiesa
“viva, dinamica, partecipativa”, hanno lamentato “i
sintomi di un processo di secolarizzazione”, dove “per
molti, Dio non rappresenta l’origine e la meta, né il
sentimento ultimo della vita”. Ciò nonostante il popolo
dominicano mantiene nel fondo “un’anima profondamente
cristiana”, ha sottolineato Benedetto XVI, da cui
ripartire per raggiungere l’obiettivo primario di
annunciare la verità su Cristo e sull’uomo ad ogni
creatura, sostenendo anzitutto le famiglie, “Chiesa
domestica”, perché “non restino sole davanti le
grandi sfide che debbono affrontare”, ma che siano
sostenute e animate dalla comunità ecclesiale nel loro
progetto cristiano di vita cosi spesso soggetto ad
attacchi e pericoli. Il Papa ha citato in particolare
“il dramma del divorzio e le pressioni per legalizzare
l’aborto, cosi come la diffusione delle unioni in
disaccordo con il disegno del Creatore sul matrimonio”.
“La famiglia ha diritto a tutto l’appoggio dello
Stato per realizzare pienamente la sua missione”. Ha
chiesto, quindi, il Santo Padre la collaborazione delle
istituzioni pubbliche “per proteggere la stabilità
della famiglia e favorire il suo progresso spirituale e
materiale, che ritornerà per una migliore formazione dei
figli”.
Da qui l’importante ruolo dei laici, cui spetta il
compito di “promuovere i valori umani e cristiani per
illumnare la realtà politica, economica e culturale del
Paese, al fine di instaurare un ordine sociale più giusto
ed equo, secondo la Dottrina sociale della Chiesa”.
“In coerenza con le norme etiche e morali” – ha
raccomandato il Papa - i laici “devono dare buon esempio
di onestà e trasparenza nella gestione delle loro attività
pubbliche” a fronte della diffusa piaga della
corruzione, che ha investito anche il potere politico ed
economico e gli altri ambiti sociali del Paese caraibico.
Rifuggire quindi dall’avere “due vite parallele: da
una parte, la cosiddetta vita spirituale, con i suoi
valori ed esigenze; e dall’altra, la cosiddetta vita
secolare, cioè, la vita della famiglia, del lavoro, delle
relazioni sociali, del compromesso politico e della
cultura” Al contrario – ha richiamato il Papa – i
laici “devono sforzarsi perché la coerenza tra la loro
vita e la loro fede sia un'eloquente testimonianza della
verità del messaggio cristiano”. Speciale rilievo i
laici debbono, inoltre, avere nei mezzi di comunicazione
sociale per evangelizzare la cultura che pervade una
Nazione.
Un ultima raccomandazione per i vescovi dominicani di
assistere da vicino i loro sacerdoti in tutte le loro
necessità personali e pastorali e di curare le vocazioni
attraverso una formazione integrale, e valutando
attentamente “l’idoneità umana e cristiana dei
seminaristi”.
DISCORSO
DI SUA SANTITÀ BENEDETTO XVI
Queridos
hermanos en el Episcopado:
1. En
este encuentro colectivo de vuestra visita ad limina
Apostolorum siento el gozo de compartir la misma fe en
Jesucristo, que acompaña nuestro caminar y que está vivo
y presente en las comunidades confiadas a vuestro cuidado
pastoral. Dirijo mi afectuoso saludo a vosotros y también
a las Iglesias diocesanas que presidís con tanta dedicación
y generosidad.
Agradezco
a Monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio, Arzobispo
de Santiago de los Caballeros y Presidente de la
Conferencia del Episcopado Dominicano, las amables
palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Al mismo
tiempo, me siento muy unido a vuestras preocupaciones y
anhelos, rogando a Dios que esta visita a Roma sea fuente
de bendiciones para todos los sacerdotes, comunidades
religiosas y agentes pastorales que colaboran con vosotros
en medio del querido pueblo dominicano, siendo conscientes
de los retos del mundo globalizado que influyen en el
tiempo actual.
2. En las
relaciones quinquenales he podido constatar que vuestra
Iglesia es una comunidad viva, dinámica, participativa y
evangelizadora. Ella se siente interpelada por el mandato
de Jesús de anunciar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc
16,15) y se esfuerza para que este anuncio llegue a todos
los hombres. Para alcanzar esta meta el mensaje debe ser
claro y preciso a fin de que la palabra de vida proclamada
se convierta en una adhesión personal a Jesús, nuestro
Salvador. Por eso, "urge recuperar y presentar una
vez más el verdadero rostro de la fe cristiana, que no es
simplemente un conjunto de proposiciones que se han de
acoger y ratificar con la mente, sino un conocimiento de
Cristo vivido personalmente, una memoria viva de sus
mandamientos, una verdad que se ha de hacer vida" (Veritatis
splendor, 88).
3. El
objetivo primordial de vuestro ministerio pastoral ha de
ser que la verdad sobre Cristo y la verdad sobre el hombre
penetren más profundamente aún en los diversos estratos
de la sociedad dominicana, pues "no hay evangelización
verdadera, mientras no se anuncia el nombre, la doctrina,
la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de
Nazaret, Hijo de Dios" (Evangelii nuntiandi,
22).
Esta
labor, no exenta de dificultades, se desarrolla en medio
de un pueblo de espíritu abierto y sensible a la Buena
Nueva. Es cierto que en vuestro País se dejan sentir
también los síntomas de un proceso de secularización en
el que para muchos Dios ya no representa el origen y la
meta, ni el sentido último de la vida. Pero, en el fondo,
como sabéis muy bien, este pueblo tiene un alma
profundamente cristiana. Prueba de ello son las
comunidades eclesiales vivas y operantes, donde tantas
personas, familias y grupos se esfuerzan por vivir y dar
testimonio de su fe.
4. La
nueva evangelización tiene también como un objetivo
primordial la familia. Ella es la verdadera "Iglesia
doméstica", sobre todo cuando es fruto de las
comunidades cristianas vivas de las que surgen jóvenes
con verdadera vocación al sacramento del matrimonio. Las
familias no están solas ante los grandes desafíos que
deben afrontar; la comunidad eclesial les da apoyo, las
anima en la fe y salvaguarda su perseverancia en un
proyecto cristiano de vida sujeto con frecuencia a tantos
avatares y peligros. La Iglesia promueve que la familia
sea de verdad el ámbito donde la persona nace, crece y se
educa para la vida, y donde los padres, amando con ternura
a sus hijos, los van preparando para unas sanas relaciones
interpersonales que encarnen los valores morales y humanos
en medio de una sociedad tan marcada por el hedonismo o la
indiferencia religiosa.
Al mismo
tiempo, las Comunidades eclesiales, en colaboración con
las instancias públicas, velarán por salvaguardar la
estabilidad de la familia y favorecer su progreso
espiritual y material, lo cual redundará en una mejor
formación de los hijos. Por ello, es de desear que las
Autoridades de vuestro amado País colaboren cada vez más
en esta irrenunciable tarea de trabajar en favor de las
familias. Así lo ponía de relieve mi Predecesor en el Mensaje
para la Jornada Mundial de la Paz de 1994: "La
familia tiene derecho a todo el apoyo del Estado para
realizar plenamente su peculiar misión" (n. 5). Pero
tampoco ignoro las dificultades que la institución
familiar encuentra en vuestra Nación, especialmente con
el drama del divorcio y las presiones para legalizar el
aborto, así como por la extensión de uniones no acordes
con el designio del Creador sobre el matrimonio.
5. Sé
que cuidáis de modo especial las vocaciones sacerdotales
para poder atender todas las necesidades diocesanas. En
efecto, la promoción de las vocaciones sacerdotales y
religiosas ha de ser una prioridad de los Obispos y un
compromiso de todo el pueblo fiel. Por lo cual, pido
fervientemente al Dueño de la mies que sigan acudiendo a
vuestros seminarios - que han de ser como el corazón de
la diócesis (cf. Optatam totius, 5)- numerosos
candidatos al sacerdocio para servir un día a sus
hermanos como "ministros de Cristo y dispensadores de
los misterios de Dios" (1 Co 4,1). Además de
una formación integral, se requiere un profundo
discernimiento sobre la idoneidad humana y cristiana de
los seminaristas, para asegurar del mejor modo posible el
digno desempeño de su futuro ministerio.
Teniendo
en cuenta que "la fisonomía del presbiterio es [...]
la de una verdadera familia" (Pastores dabo vobis,
74), es de desear que los lazos de caridad entre el Obispo
y sus sacerdotes sean muy fuertes y cordiales. Si los jóvenes
ven que los presbíteros viven una verdadera
espiritualidad de comunión en torno a su Obispo, dando
testimonio de unión y caridad entre sí, de generosidad
evangélica y disponibilidad misionera, sentirán mayor
atracción por la vocación sacerdotal. Es de suma
importancia que el Obispo preste singular atención a sus
principales colaboradores, los sacerdotes (cf. Presbyterorum
Ordinis, 8), siendo ecuánime en el trato con ellos,
cercano a sus necesidades personales y pastorales,
paternal en sus dificultades y animador constante de su
actividades y desvelos, que en el contexto de la nueva
evangelización les empuja a ir en busca de quienes se han
alejado.
6. El
lema de este año, del Tercer Plan de Pastoral, "Discípulo
del Señor, acoge al cercano y busca al lejano",
tiene una amplia proyección en el complejo campo de la
migración que implica a tantas familias. Dedicáis muchos
esfuerzos para atender a los grupos de dominicanos en el
extranjero, pero también os invito de todo corazón a
acompañar con gran caridad, como ya lo estáis haciendo,
a los inmigrantes haitianos que han dejado su País
buscando mejores condiciones de vida para ellos y sus
familias. Me complace constatar que ya habéis tenido
contactos con los hermanos Obispos de Haití para tratar
de aliviar la situación de pobreza, e incluso de miseria,
que ofende la dignidad de tantas personas de esa Nación
hermana.
7. En
vuestro ministerio episcopal muchos de estos retos
pastorales están estrechamente relacionados con la
evangelización de la cultura, la cual ha de promover los
valores humanos y evangélicos en toda su integridad. El
ámbito de la cultura es uno de los "areópagos
modernos", en los que ha de hacerse presente el
Evangelio con toda su fuerza (cf. Redemptoris missio,
37). En esta tarea no puede prescindirse de los medios de
comunicación social: radio, producciones televisivas,
videos y redes informáticas pueden ser de gran utilidad
para una amplia difusión del Evangelio.
8. Éste
es un cometido que atañe especialmente a los laicos, ya
que es propio de su misión "la instauración del
orden temporal, y que actúen en él de una manera directa
y concreta, guiados por la luz del Evangelio y el
pensamiento de la Iglesia, y movidos por el amor
cristiano" (Apostolicam actuositatem, 7). Por
eso, es necesario proporcionarles una formación religiosa
adecuada, que les capacite para afrontar los numerosos
retos de la sociedad actual. A ellos corresponde promover
los valores humanos y cristianos que iluminen la realidad
política, económica y cultural del País, con el fin de
instaurar un orden social más justo y equitativo, según
la Doctrina Social de la Iglesia. Al mismo tiempo, en
coherencia con las normas éticas y morales, han de dar
ejemplo de honestidad y transparencia en la gestión de
sus actividades públicas, frente a la solapada y
difundida lacra de la corrupción, que a veces alcanza
incluso las áreas del poder político y económico, además
de otros ámbitos públicos y sociales.
Los
laicos han de ser fermento en medio de la sociedad,
actuando en la vida pública para iluminar con los valores
del Evangelio los diversos ámbitos donde se fragua la
identidad de un pueblo. Desde sus actividades diarias, han
de "testificar cómo la fe cristiana... constituye la
única respuesta plenamente válida a los problemas y
expectativas que la vida plantea a cada hombre y a cada
sociedad" (Christifideles laici, 34). Su
condición de ciudadanos y seguidores de Cristo no ha de
inducirlos a llevar como "dos vidas paralelas: por
una parte, la denominada vida espiritual, con sus valores
y exigencias; y por otra, la denominada vida secular, es
decir, la vida de la familia, del trabajo, de las
relaciones sociales, del compromiso político y de la
cultura" (ibíd., 59). Al contrario, han de
esforzarse para que la coherencia entre su vida y su fe
sea un elocuente testimonio de la verdad del mensaje
cristiano.
9. Junto
con vosotros, quiero confiar todas estas propuestas y
anhelos a la Virgen de la Altagracia, advocación con la
que honráis a vuestra Madre y Protectora de la Nación,
para que siga acompañando vuestra labor pastoral. A Ella
os encomiendo con plena esperanza, a la vez que os imparto
la Bendición Apostólica, que extiendo de corazón a
vuestras Iglesias particulares, a sus sacerdotes,
comunidades religiosas y personas consagradas, así como a
los fieles católicos de la República Dominicana.
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