I
seminaristi diventino autentici discepoli di Cristo: così
Benedetto XVI alla Pontificia Commissione per l’America
Latina
I
seminaristi aspirino al sacerdozio “mossi unicamente
dalla volontà di essere autentici discepoli e missionari
di Gesù”. E’ l’esortazione di Benedetto XVI rivolta
stamani ai partecipanti all’Assemblea Plenaria della
Pontificia Commissione per l’America Latina. Nei
seminari, formatori e professori – ha aggiunto il Papa
– devono distinguersi “per la loro capacità
accademica e per la loro fedeltà alla Chiesa”. Il
servizio di Amedeo Lomonaco:
Il Papa ha ricordato le tematiche affrontate
dall’Assemblea Plenaria della Pontificia Commissione per
l’America Latina che ha preso in esame, nei giorni
scorsi, le sfide legate all’attuale situazione della
formazione sacerdotale nei seminari:
“Las recomandaciones pastorales de esta Asamblea… Le raccomandazioni pastorali di questa Assemblea
dovranno essere un punto di riferimento imprescindibile
per illuminare il compito dei vescovi dell’America
Latina e dei Caraibi nel delicato campo della formazione
sacerdotale”.
Il Pontefice ha poi sottolineato come gli anni del
seminario siano un tempo decisivo per il discernimento e
la preparazione:
“Hoy más que nunca, es preciso que los
seminaristas… Oggi più che mai è necessario che i seminaristi,
con la giusta predisposizione d’animo e senza qualsiasi
altro interesse, aspirino al sacerdozio mossi unicamente
dalla volontà di essere autentici discepoli e missionari
di Gesù Cristo, capaci, in comunione con i loro vescovi,
di rendere presente Cristo nel ministero e nella loro
testimonianza di vita”.
Nei tempi del seminario – ha detto il Papa - si
rafforzi nei seminaristi il desiderio di radicarsi
profondamente in Cristo:
“Para ello es de suma importancia… Perciò è di somma importanza curare la loro
formazione umana, spirituale intellettuale e pastorale,
così come un’adeguata scelta dei loro formatori e
professori, che dovranno distinguersi per la loro capacità
accademica, per il loro spirito sacerdotale e la loro
fedeltà alla Chiesa, in modo che sappiano infondere nei
giovani quello che il popolo di Dio necessita e attende
dai suoi pastori”.
Il Santo Padre ha anche ricordato la sua visita, nel
2007, ad Aparecida:
“Conservo un grato recuerdo… Conservo un grato ricordo del mio soggiorno ad
Aparecida, dove abbiamo vissuto un’esperienza di intensa
comunione ecclesiale, con l’unico desiderio di
accogliere il Vangelo con umiltà e diffonderlo
generosamente”.
Il pensiero del Papa è andato infine a mons. Cipriano
Calderón Polo, vicepresidente per molti anni della
Pontificia Commissione per l’America Latina e deceduto
recentemente:
“El Señor habrá premiado… Il Signore lo avrà ricompensato per la sua
abnegazione e il suo fedele servizio alla Chiesa”.
La
Pontificia Commissione per l'America Latina è stata
istituita nel 1958 da Papa Pio XII con lo scopo di
rinforzare l’opera pastorale della Chiesa in America
Latina.
DISCORSO
DEL PAPA
Señores
Cardenales,
Queridos
hermanos en el Episcopado
1. Saludo
cordialmente a los Consejeros y Miembros de la Pontificia
Comisión para América Latina, que en su Asamblea
Plenaria han reflexionado sobre «la situación actual de
la formación sacerdotal en los Seminarios» de aquella
tierra. Agradezco las palabras que, en nombre de todos, me
ha dirigido el Presidente de la Comisión, el Señor
Cardenal Giovanni Battista Re, presentándome las líneas
centrales de los trabajos y recomendaciones pastorales que
han surgido en este encuentro.
2. Doy
gracias a Dios por los frutos eclesiales de esta Comisión
Pontificia desde su creación, en mil novecientos
cincuenta y ocho, cuando el Papa Pío XII vio la necesidad
de crear un organismo de la Santa Sede para intensificar y
coordinar más estrechamente la obra desarrollada en favor
de la Iglesia en Latinoamérica, ante la escasez de sus
sacerdotes y misioneros. Mi venerado predecesor Juan Pablo
II corroboró y potenció esta iniciativa, con el fin de
resaltar la especial solicitud pastoral del Sucesor de
Pedro por las Iglesias que peregrinan en aquellas queridas
tierras. En esta nueva etapa de la Comisión, no puedo
dejar de mencionar con viva gratitud el trabajo realizado
por su Vicepresidente durante largos años, el Obispo
Cipriano Calderón Polo, recientemente fallecido, y al que
el Señor habrá premiado su abnegado y fiel servicio a la
Iglesia.
3. El año
pasado recibí a muchos Obispos de América Latina y del
Caribe en su visita ad limina. Con ellos he
dialogado sobre la realidad de las Iglesias particulares
que les han sido encomendadas, pudiendo así conocer más
de cerca las esperanzas, y dificultades de su ministerio
apostólico. A todos los acompaño con mi oración, para
que continúen ejerciendo con fidelidad y alegría su
servicio al Pueblo de Dios, impulsando en la hora presente
la «Misión continental», que se está poniendo en
marcha como fruto de la V Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano y del Caribe (cf. Documento
conclusivo, n.362).
Conservo
un grato recuerdo de mi estancia en Aparecida, cuando
vivimos una experiencia de intensa comunión eclesial, con
el único deseo de acoger el Evangelio con humildad y
sembrarlo generosamente. El tema escogido –Discípulos
y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él
tengan vida– continúa orientando los esfuerzos de
los miembros de la Iglesia en aquellas amadas Naciones.
Cuando
presenté un balance de mi viaje apostólico a Brasil ante
los miembros de la Curia Romana, me preguntaba: «¿Hizo
bien Aparecida, buscando la vida para el mundo, en dar
prioridad al discipulado de Jesucristo y a la evangelización?
¿Era una retirada equivocada hacia la interioridad?» A
ello respondía con toda certeza: «No. Aparecida decidió
lo correcto, precisamente porque mediante el nuevo
encuentro con Jesucristo y su Evangelio, y sólo así, se
suscitan las fuerzas que nos capacitan para dar la
respuesta adecuada a los desafíos de nuestro tiempo» (Discurso
a la Curia romana, 21 diciembre 2007). Sigue siendo
fundamental ese encuentro personal con el Señor,
alimentado por la escucha de su Palabra y la participación
en la Eucaristía, así como la necesidad de transmitir
con gran entusiasmo nuestra propia experiencia de Cristo.
4. Los
Obispos, sucesores de los Apóstoles, somos los primeros
que hemos de mantener siempre viva la llamada gratuita y
amorosa del Señor, como la que Él hizo a los primeros
discípulos (cf. Mc 1,16-20). Como ellos, también
nosotros hemos sido elegidos para «estar con Él» (cf. Mc
3,14), acoger su Palabra y recibir su fuerza, y vivir así
como Él, anunciando a todas las gentes la Buena Nueva del
Reino de Dios.
Para
todos nosotros, el seminario fue un tiempo decisivo de
discernimiento y preparación. Allí, en diálogo profundo
con Cristo, se fue fortaleciendo nuestro deseo de
enraizarnos hondamente en Él. En aquellos años,
aprendimos a sentirnos en la Iglesia como en nuestra
propia casa, acompañados de María, la Madre de Jesús y
amantísima Madre nuestra, obediente siempre a la voluntad
de Dios. Por eso me complace que esta Asamblea Plenaria
haya dedicado su atención a la situación actual de los
Seminarios en Latinoamérica.
5. Para
lograr presbíteros según el corazón de Cristo, se ha de
poner la confianza en la acción del Espíritu Santo, más
que en estrategias y cálculos humanos, y pedir con gran
fe al Señor, «Dueño de la mies», que envíe numerosas
y santas vocaciones al sacerdocio (cf. Lc 10,2),
uniendo siempre a esta súplica el afecto y la cercanía a
quienes están en el seminario con vistas a las sagradas
órdenes. Por otro lado, la necesidad de sacerdotes para
afrontar los retos del mundo de hoy, no debe inducir al
abandono de un esmerado discernimiento de los candidatos,
ni a descuidar las exigencias necesarias, incluso
rigurosas, para que su proceso formativo ayude a hacer de
ellos sacerdotes ejemplares.
6. Por
consiguiente, las recomendaciones pastorales de esta
Asamblea han de ser un punto de referencia imprescindible
para iluminar el quehacer de los Obispos de Latinoamérica
y del Caribe en este delicado campo de la formación
sacerdotal. Hoy más que nunca, es preciso que los
seminaristas, con recta intención y al margen de
cualquier otro interés, aspiren al sacerdocio movidos únicamente
por la voluntad de ser auténticos discípulos y
misioneros de Jesucristo que, en comunión con sus Obispos,
lo hagan presente con su ministerio y su testimonio de
vida. Para ello es de suma importancia que se cuide
atentamente su formación humana, espiritual, intelectual
y pastoral, así como la adecuada elección de sus
formadores y profesores, que han de distinguirse por su
capacitación académica, su espíritu sacerdotal y su
fidelidad a la Iglesia, de modo que sepan inculcar en los
jóvenes lo que el Pueblo de Dios necesita y espera de sus
pastores.
7.
Encomiendo al amparo maternal de la Santísima Virgen María
las iniciativas de esta Asamblea Plenaria, suplicándole
que acompañe a quienes se preparan para el ministerio
sacerdotal en su caminar tras las huellas de su divino
Hijo, Jesucristo, nuestro Redentor. Con estos sentimientos,
les imparto con afecto la Bendición Apostólica.