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DISCORSO
AI VESCOVI DELL'URUGUAY (26 SETTEMBRE 2008)
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Ascolta
il servizio trasmesso da Radio Vaticana
Radio
Vaticana 26 settembre 2008
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Benedetto
XVI ai vescovi dell'Uruguay: "continuate ad
essere portatori della speranza che non
delude"
L’importanza
della meditazione della Parola di Dio ed il
compito del vero testimone di Cristo sono stati i
temi al centro del discorso pronunciato stamani da
Benedetto XVI durante l’incontro con i vescovi
dell’Uruguay, in visita ad Limina. Il Papa ha
esortato i presuli a continuare ad essere
portatori della “speranza che non delude” e
partecipi dell’amore di Cristo per i poveri. Il
servizio di Amedeo Lomonaco:
A pochi giorni dall’apertura del Sinodo dei
vescovi sulla Parola di Dio che sarà inaugurato
il prossimo 5 ottobre, il Papa ha ribadito
l’importanza di promuovere la conoscenza e la
meditazione delle Sacre Scritture nella
predicazione e nelle catechesi.
"La Palabra de Dio es la fuente y el
contenido...
La Parola di Dio è fonte e contenuto del
vostro ministero come predicatori del Vangelo,
tanto più necessario in un tempo nel quale molte
altre voci cercano di far tacere Dio nella vita
personale e sociale, chiamando gli uomini a
seguire vie che compromettono l’autentica
speranza".
Il Papa esorta dunque i presuli a trasmettere
“la fede nella sua integrità, con coraggio e
persuasione”, senza rinunciare a proclamare
esplicitamente i valori morali della dottrina
cattolica che a volte sono oggetto di dibattito in
ambito politico e culturale, e “quelli che si
riferiscono alla famiglia, alla sessualità e alla
vita”. Un particolare messaggio è stato rivolto
dal Pontefice alle persone consacrate e ai laici
impegnati nella missione della Chiesa, chiamati
“a dare testimonianza gioiosa sulla pienezza
della vita” che viene dalla fede. Una pienezza
– ha spiegato il Papa - che si raggiunge quando
si preferisce essere migliori all’avere di più,
facendo risplendere i veri valori” e la gioia
incomparabile di avere incontrato Cristo.
“La tarea del verdadero testigo de
Cristo...
Il compito del vero testimone di Cristo non
è facile, esige molto: più che affidarsi alle
proprie forze si deve contare sul potere di Colui
che ha vinto al mondo”.
“Non
vi dovete scoraggiare" – ha esortato il
Papa - di fronte all'indifferenza religiosa e
all'esasperato individualismo che spesso domina
nella società; "continuate ad essere
portatori della speranza che non delude” e
dell’amore di Cristo in particolare per i poveri
attraverso opere concrete di carità e giustizia.
“Nelle situazioni difficili che colpiscono anche
gli uruguaiani – ha concluso - la Chiesa è
chiamata a mostrare la grandezza del suo
cuore" verso tutti gli uomini. |

DISCORSO DEL SANTO PADRE
Queridos
Hermanos en el Episcopado:
Me
complace recibiros en este encuentro que, al concluir
vuestra visita ad limina, me permite saludaros a
todos juntos y alentaros en la esperanza, tan necesaria
para el ministerio que generosamente ejercéis en las
respectivas iglesias particulares. Agradezco cordialmente
las palabras de Monseñor Carlos María Collazzi Irazábal,
Obispo de Mercedes y Presidente de la Conferencia
Episcopal del Uruguay, en las que ha expresado los
sentimientos compartidos de estrecha comunión con la Sede
de Pedro, así como los anhelos y preocupaciones que
embargan vuestro corazón de Pastores que desean responder
a las expectativas que tiene el Pueblo de Dios.
La visita
a los sepulcros de San Pedro y San Pablo es una ocasión
privilegiada para ahondar en el origen y sentido del
ministerio de los sucesores de los Apóstoles, fieles
transmisores de la semilla que ellos plantaron (cf. Lumen
gentium, 20), enteramente entregados a proclamar el
evangelio de Cristo y unánimes en su testimonio. Es también
una oportunidad señalada para reforzar los lazos de
unidad efectiva y afectiva del colegio episcopal, que ha
de ser manifestación eminente del ideal, tan característico
de la comunidad eclesial desde sus orígenes, de tener
"un solo corazón y una sola alma" (Hch
4, 32), y ejemplo visible para promover el espíritu de
hermandad y concordia en vuestros fieles e incluso en la
sociedad actual, tantas veces dominada por el
individualismo y la rivalidad exasperada.
Esta
comunión se manifiesta también en la tarea de hacer
efectivas y concretas las orientaciones pastorales que habéis
propuesto para los próximos 5 años, inspiradas en el
sugestivo marco del encuentro de Jesús resucitado con los
discípulos en el camino de Emaús. En efecto, el Maestro
que acompaña, que conversa con los suyos y les explica
las escrituras, es un modelo a seguir para preparar la
mente y el corazón del hombre, de modo que llegue a
descubrirlo y a encontrarse con Él personalmente. Por
tanto, promover el conocimiento y la meditación de la
Sagrada Escritura, explicarla fielmente en la predicación
y la catequesis o enseñarla en las escuelas, es una
necesidad para llegar a vivir la vocación cristiana de
manera más consciente, firme y segura. Os animo en esta
empresa con la cual queréis hacer partícipes a vuestros
fieles y comunidades eclesiales del impulso evangelizador
y misionero propuesto por la V Conferencia del Episcopado
Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida.
La
Palabra de Dios es también la fuente y el contenido
inexcusable de vuestro ministerio como «predicadores del
Evangelio que llevan nuevos discípulos a Cristo» (Lumen
gentium, 75), tanto más necesario en un tiempo en que
otras muchas voces tratan de acallar a Dios en la vida
personal y social, llevando a los hombres por derroteros
que socavan la auténtica esperanza y se desinteresan de
la verdad firme en la que puede descansar el corazón del
ser humano. Enseñad, pues, la fe de la Iglesia en su
integridad, con la valentía y la persuasión propias de
quien vive de ella y para ella, sin renunciar a proclamar
explícitamente los valores morales de la doctrina católica,
que a veces son objeto de debate en el ámbito político,
cultural o en los medios de comunicación social, como son
los que se refieren a la familia, la sexualidad y la vida.
Sé de vuestros esfuerzos por defender la vida humana
desde la concepción hasta su término natural y pido a
Dios que den como fruto una conciencia clara en cada
uruguayo de la dignidad inviolable de toda persona y un
compromiso firme de respetarla y salvaguardarla sin
reservas.
En esta
tarea contáis con la inestimable colaboración de los
sacerdotes a los que se ha de animar constantemente para
que, sin acomodarse al ambiente imperante en el mundo (cf.
Rm 12,2), sean verdaderos discípulos y misioneros
de Cristo, que llevan con ardor su mensaje de salvación a
las parroquias y comunidades, a las familias y a todas las
personas que anhelan sobre todo palabras aprendidas del
Espíritu, más que de saberes puramente humanos (cf. 1
Co 2,6). La cercanía asidua de los Pastores a quienes
se preparan para el sacerdocio puede ser determinante para
una formación en la que prevalga lo que ha de distinguir
por encima de todo a un ministro de la Iglesia: el amor a
Cristo, una seria competencia teológica en plena sintonía
con el Magisterio y la Tradición de la Iglesia, la
meditación constante y personal de su misión salvadora y
una vida intachable acorde con el servicio que presta al
Pueblo de Dios. De este modo darán testimonio fiel de lo
que predican y ayudarán a sus hermanos a huir de una
religiosidad superficial y con escasa incidencia en los
compromisos éticos que la fe comporta, para aprender de
Cristo a vivir «en la justicia y la santidad de la verdad»
(Ef 4,24).
En este
aspecto, mucho cabe esperar también de las personas
consagradas o miembros de diversos movimientos y
asociaciones especialmente comprometidos en la misión de
la Iglesia, llamados a dar un gozoso testimonio de que la
plenitud de vida se alcanza cuando se prefiere el ser
mejor al mero tener más, haciendo brillar los
verdaderos valores y la alegría incomparable de haberse
encontrado con Cristo y de entregarse incondicionalmente a
Él.
Queridos
Hermanos, sabéis que la tarea del verdadero testigo de
Cristo no es fácil, exige mucho, pero es clara y cuenta
sobre todo, más que con las propias fuerzas, con el poder
de quien ha «vencido al mundo» (cf. Jn 16,33).
Sin dejaros llevar por el desaliento, en tantas
situaciones de indiferencia o apatía religiosa, seguid
siendo portadores de la «esperanza que no defrauda» (Rm
5,5) y partícipes del amor de Cristo por los pobres y
necesitados mediante las obras caritativas de las
comunidades eclesiales. En situaciones difíciles, que
también afectan a los uruguayos, la Iglesia está llamada
a mostrar la grandeza de corazón, la solidaridad y
capacidad de sacrificio de la familia de los hijos de Dios
para con los hermanos en dificultad.
Al
terminar este encuentro, os ruego que llevéis un caluroso
saludo a vuestros sacerdotes y seminaristas, monasterios y
comunidades religiosas, movimientos y asociaciones,
catequistas y demás personas dedicadas a la apasionante
tarea de llevar y mantener viva la luz de Cristo en el
Pueblo de Dios. Invoco la protección de la Santísima
Virgen María sobre vuestras tareas apostólicas, así
como sobre todos los queridos uruguayos, y os imparto de
corazón la Bendición Apostólica.
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